'Doña Perfecta', de Pérez Galdós

La segunda mitad del siglo XIX es el periodo por excelencia de la novela. En todos los países proliferan escritores y obras excepcionales. También en España. Y uno de ellos es Galdós, autor de una magna obra, por su extensión y por su calidad. 'Doña Perfecta' -la obra aquí presentada- pertenece al grupo de novelas de su primera etapa, cuando practica lo que se ha denominado "realismo de tesis" y, aunque es una excelente novela, no alcanza la calidad de obras posteriores, como 'Fortunata y Jacinta', 'La desheredada' o 'Misericordia'.

Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós

La segunda mitad del siglo XIX es la época por excelencia de la novela. Si bien este género siempre se había cultivado, en este periodo coinciden una serie de circunstancias que hacen de él máximo exponente de la literatura.

Por una parte, la Revolución industrial da lugar a una burguesía y clases medias que lo demandan como preferido para su recreo. Por otra, los escritores ven en él el género adecuado para defender sus ideas. En este sentido, debemos tener presente que, en una época en que los medios de comunicación aún eran muy rudimentarios y de escasa difusión, la novela se convirtió en el medio más eficaz para llegar a las masas.

Algunas de las obras maestras de la narrativa se escriben en este periodo. Baste citar obras como ‘Madame Bovary’, ‘La Regenta’, la ‘Comedia humana’ de Balzac o las obras de Tolstoi, Dostoievski, Galdós, etc, como ejemplo.

Dentro del género, se incluye una corriente que los estudiosos han denominado como “novela de tesis”. Consiste ésta en obras en las que argumento, personajes, situaciones y ambientes quedan relegados a un segundo plano, pues son meros instrumentos para exponer las ideas que el autor pretende defender. Ello provoca, a su vez, una merma en la calidad, aunque esto, en buena lógica, depende también del talento del novelista.

Es precisamente en este contexto en el que debemos incluir la ‘Doña Perfecta’, de Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-1920). Escritor durante toda su vida –con breves escarceos en el periodismo y la política-, Galdós es, sin duda, uno de los autores más prolíficos de las letras españolas. Enumerar su ingente obra nos llevaría muchísimo tiempo. Baste señalar cómo el canario está presente en todas las tendencias por las que discurre la narrativa entre 1870 y 1920: realismo de “tesis”, realismo a secas, naturalismo, novela espiritual, etc. Y, por citar algunos ejemplos, mencionaremos sus ‘Episodios nacionales’, ‘La desheredada’, ‘Fortunata y Jacinta’, ‘El amigo Manso’, y ‘Misericordia’. Además, sus personajes –que reaparecen en varias novelas- constituyen un universo humano comparable al de la citada ‘Comedia humana’ de Balzac.

‘Doña Perfecta’, publicada en 1876, es, como decíamos, una novela de “tesis”. En ella se muestra el enfrentamiento entre los defensores del progreso y quienes se oponen a él desde una perspectiva de defensa de una suerte de “Antiguo Régimen”. El escenario, la ciudad episcopal de Orbajosa, lugar figurado y por tanto simbólico, que, por ello, puede ser cualquier urbe de la época.

En la obra se cuenta la historia de Pepe Rey, un ingeniero liberal que llega a la citada ciudad para casarse con su prima Rosario, hija de doña Perfecta (nombre también simbólico). En principio, todo parece ir bien, salvo por don Inocencio, el entrometido canónigo de la catedral, que desea casar a la muchacha con su sobrino Jacinto. Pero el problema es mucho más profundo: rápidamente se plantea el conflicto entre Pepe, hombre de ciencia, darwinista y anticlerical, y las fuerzas vivas del pueblo, cuya cacique es doña Perfecta, que aborrecen todo lo que el ingeniero representa.

Para evitar la boda, la señora encierra a Rosario en casa, prohibiéndole que vea a Pepe, pero ésta planea escapar con él. Enterada su madre, ordena a su esbirro “Caballuco” que asesine al muchacho. Pepe va a buscar a Rosario para fugarse y...

Como señalábamos, el argumento no es importante, sino una mera ejemplificación de la tesis que Galdós pretende defender, que no es otra que denunciar a las oscuras fuerzas que impiden que el país prospere en manos de jóvenes de ideas avanzadas y modernas. Para él, el clero y los poderosos, aliados en una fuerza común e impulsados por sus intereses egoístas, son la traba principal que frena el desarrollo de España.

Pero la obra es excesivamente maniquea: los progresistas son demasiado buenos y los ultramontanos demasiado malos. Galdós no muestra ninguna comprensión hacia aquellos que –equivocados, si- sólo defienden una situación secular que es la que han conocido ellos, sus padres y sus abuelos y que creen la única posible, e incluso los presenta tan perversos que son capaces de matar. Por el contrario, el personaje liberal, Pepe, a quién el autor muestra todas sus simpatías, aparece como hombre culto, honesto, educado e intenta por todos los medios hacer cambiar a los habitantes de Orbajosa. Pero, a nuestros ojos, resulta excesivamente intolerante: nada comprensivo con las costumbres del pueblo, por inocentes que sean, se muestra, asímismo, intransigente con todo lo que huela a clero.

Ciertamente, en descargo de Galdós, que en su vida personal era totalmente opuesto al extremismo de su personaje y tenía muchos amigos de ideas contrarias a las suyas (Pereda, por citar un ejemplo), debemos decir que los escritores que defendían las tesis opuestas eran tan maniqueos como él.

La novela, con ser de excelente calidad, pierde valor literario a causa de ello. Bien es cierto que el autor estaba comenzando profesionalmente y más adelante crearía obras cimeras de la narrativa española.

Galdós retratado por Joaquín Sorolla

De entre los personajes, un tanto acartonados, destaca poderosamente la figura de doña Perfecta, que ha quedado para la posteridad como símbolo de la cacique de pueblo que gobierna vidas y haciendas. Es realmente un ser repulsivo, fanática clerical, cargada de hipocresía, no duda en recurrir a cometer atrocidades para salvaguardar sus intereses. Juega con la felicidad de su hija, sin importarle lo que ésta desee, con tal de lograr sus fines.

Por su parte, Rosario siempre ha sido una muchacha dócil y manipulable, pero, en un momento dado, se subleva a los deseos de su madre y sucumbe. Don Inocencio es, como la cacique, absolutamente despreciable: un ser sin conciencia, que aprovecha la religiosidad de las personas para manipularlas y explotarlas y que lo único que persigue es la riqueza y el poder.

El estilo literario de Galdós es muy personal -Don Benito el garbancero, lo llamaba el simpar Valle-Inclán-. Escribe de forma llana, sencilla, lejos de florituras retóricas, aunque correcta. De todos modos, a nuestro juicio, no es este su mayor mérito, sino haber creado  a lo largo de toda  su obra un universo novelesco que constituye un mundo de personajes riquísimos por sí sólo.

En suma, nos encontramos ante una narración muy estimable, amena para su lectura y que refleja una sociedad que era la existente en la España de entonces –y no sólo en ella, también en otros países europeos-, por lo que tiene también el valor de documento histórico. No obstante, Galdós era capaz de mucho más y eso se aprecia en sus obras posteriores.

Lectura de la obra | 'Doña Perfecta' en Cervantesvirtual

Fotos: Benito Pérez Galdós: Pepelopex en Wikipedia | Galdós por Sorolla: Platonides en Wikimedia