Pirotécnicos pórticos de azahares, Los inicios líricos de Miguel Hernández

El valor de Miguel Hernández para la lírica española viene dado, no sólo por la calidad de su obra, sino también por el hecho de haber servido de nexo de unión entre la Generación del 27 y los poetas de posguerra. El soneto 'Pirotécnicos pórticos de azahares' pertenece a su primera etapa pero ya preludia a un gran poeta.

A veces, el valor literario de un poeta no se debe solamente a la calidad de su obra sino también al momento en que ésta se produce, ya que sirve como nexo de unión entre dos generaciones. Y ello cobra mayor importancia aun cuando, por medio, se ha producido una guerra, que siempre supone una cruenta ruptura en el normal devenir literario. Este papel lo ocupa en la literatura española el alicantino Miguel Hernández (Orihuela, 1910-1942), cuya lírica sirve de puente entre el extraordinario Grupo Poético del Veintisiete de los García Lorca, Jorge Guillén o Pedro Salinas y la más joven que surge tras la Guerra Civil –denominada por algunos "Generación del Treinta y seis"- de los Luis Rosales o Gabriel Celaya.

Considerado por otro integrante de los primeros y excepcional crítico, Dámaso Alonso, como "genial epígono de la Generación del Veintisiete", Miguel Hernández es un poeta peculiar. De familia pobre, fue pastor de ovejas hasta los dieciséis años y su formación fue, por tanto, autodidacta, aunque posteriormente sería completada merced a su amistad con grandes poetas de la época como Pablo Neruda.

Foto de varios retratos de Miguel Hernández

Varios retratos de Miguel Hernández

En cualquier caso, dos rasgos se combinan en toda su obra: de una parte, el tono arrebatadamente humano y, de otra, una rigurosa técnica en la creación. No obstante, es seguramente el primero el que le otorga valor universal. Porque Hernández escribe con el corazón, su tono es exaltado y muy cordial. Él mismo lo reconocía cuando señalaba "la lengua en corazón tengo bañada".

Como es habitual, lo mejor de su creación lírica pertenece a su etapa de madurez, cuando, tras los lógicos tanteos iniciales y un primer libro sujeto a la moda gongorina'Perito en lunas'-, alcanza su estilo personal. En este sentido, es importantísimo un libro aparecido en 1936, 'El rayo que no cesa', donde cobran protagonismo sus tres temas esenciales: la vida, el amor y la muerte, aunque de ellos es el segundo el eje fundamental de toda su obra.

El poema titulado 'Pirotécnicos pórticos de azahares' pertenece, sin embargo, a sus inicios líricos. El autor canta a la llegada de la primavera con su renacer de la vida para, al final, contrastar esta hermosa irrupción de la Naturaleza con su propia tristeza –"¡que martirio tu vista dulce y alma para quién anda sólo y miserable!". Contenido su sentimiento en los límites formales del soneto, en el que Hernández es un maestro, se trata de una hermosa composición que preludia al extraordinario poeta que llegaría a ser el alicantino.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Fundación Cultural Miguel Hernández.

Foto: Angelgrubio.