'Mujer con alcuza', de Dámaso Alonso

De entre los miembros de la Generación del 27, probablemente sea Dámaso Alonso el más culto y a quién más debe la Crítica literaria. Como poeta, su labor fue ocasional, pero ha dejado grandes composiciones, como esta 'Mujer con alcuza', perteneciente al libro 'Hijos de la ira', que inaugura la llamada 'poesía desarraigada'.

La Generación del 27 destaca, sobre todo, por su poesía pero también cultivó otros géneros. Hay narradores, autores teatrales y, muy especialmente, estudiosos de la literatura. De hecho, una gran parte de las principales figuras líricas de ella consagraron una buena proporción de sus esfuerzos a la Crítica literaria, incluso, en muchos casos, de sus propios correligionarios.

'Hijos de la ira'

'Hijos de la ira'

Poetas como Pedro Salinas, Gerardo Diego o Luis Cernuda presentan agudos análisis de autores y obras anteriores y contemporáneas. El carácter de docentes de muchos de ellos –enseñaban literatura en universidades o institutos- les impulsaba, por vocación, a ejercer esa labor.

Por ello, a nuestro juicio, es de justicia reconocérselo. Y muy especialmente a uno de ellos, quizá la figura más prominente en este campo: Dámaso Alonso (Madrid, 1898-1990). Efectivamente, Alonso, discípulo y colaborador del gran Don Ramón Menéndez Pidal, presenta una labor de crítica lingüística y literaria tan importante o más que su obra poética. Tan es así que es el introductor en España de uno de los sistemas de estudio de la obra literaria más importantes del siglo XX: la Estilística.

Igualmente, a él se deben los estudios definitivos sobre la obra de Luis de Góngora, no superados aún. En efecto, fue Alonso quién desentrañó definitivamente la obra del cordobés, tantas veces oscura y críptica, y el que, así, fomentó la admiración de sus compañeros de generación hacia él.


Como lírico, él mismo se ha definido 'un poeta a rachas'. Efectivamente, sus periodos de creación se hallan separados por largos lapsos de tiempo. Ello provoca que ocupe un lugar especial dentro de la Generación del 27, ya que, aunque fue compañero de ellos, su principal producción desborda los cauces de aquella y desemboca en nuevas preocupaciones tanto humanas como estéticas.

Dámaso Alonso también pasó por la Residencia de Estudiantes

Dámaso Alonso también pasó por la Residencia de Estudiantes

Será mejor que nos lo diga él mismo: 'Si he acompañado a esta generación como crítico, apenas como poeta…Las doctrinas estéticas de hacia 1927, que para otros fueron estimables, a mí me resultaron heladoras de todo impulso creativo. Para expresarme en libertad, necesitaba la terrible sacudida de la guerra española'.

Y es que la poesía, para Dámaso Alonso, no es mero esteticismo, sino bucear en el corazón del Hombre, para expresar, con dolor o esperanza, el anhelo o la angustia presentes en él. Y, todo ello, con una forma externa variada, que el califica expresivamente así: 'Por caminos de belleza o a zarpazos'.

Por ello, a pesar de que se inicia en la poesía pura -'Poemas puros, poemillas de la ciudad' o 'El viento y el verso'-, lo más importante de su creación vendrá después, con lo que él mismo ha llamado 'poesía desarraigada'. En 1944, aparece 'Hijos de la ira' -al que pertenece 'Mujer con alcuza'-, un libro estremecedor. En la línea de las corrientes filosóficas del momento, se trata de poesía existencial que refleja un mundo caótico y una angustia para los que la lírica trata de ser una búsqueda de ordenación y de ancla.

Luis de Góngora, cuya poesía desentrañó Alonso

Luis de Góngora, cuya poesía desentrañó Alonso

Así, 'Hijos de la ira' –título harto significativo- es un fortísimo grito de protesta contra la crueldad, el odio y la injusticia que el poeta contempla a su alrededor y, por otra parte, una serie de angustiadas preguntas a Dios sobre el sentido de la vida y del Hombre.

'Mujer con alcuza', dedicado a su amigo, el también poeta Leopoldo Panero es el eje vertebral de este libro y su pieza clave. Esta extensa composición -168 versos- constituye una parábola de la vida humana. Su tono va creciendo en intensidad climática hasta convertirse en un grito vehemente y acabar cayendo en una serie de interrogaciones desoladas. Asímismo presenta una simbología que recuerda, en ocasiones, a la gran poesía mística, aunque su significación es, como decíamos, claramente existencial.

En este sentido, debemos señalar la gran importancia que para Alonso posee el componente religioso. De hecho, toda su poesía se halla imbuida de una religiosidad profunda que resulta consustancial a ella.

Formalmente, está escrito en versículos, que le proporciona un ritmo intencionadamente machacón y obsesivo. Y el lenguaje es prosaico, en el sentido de que olvida toda concesión a la belleza para resultar alucinante y desgarrado.

Antigua Universidad de Valencia, donde Alonso fue profesor

Antigua Universidad de Valencia, donde Alonso fue profesor

Toda la obra es, en suma, una alegoría de la vida humana: la mujer, símbolo del Hombre, viaja sóla  en un tren que va vaciándose -la vida-, contemplando paisajes que no conoce ni entiende. El hecho de que el tren se vaya quedando sin viajeros es explicado por Alonso como una imagen de la vejez, 'que es un vaciarse de compañía, de ilusión y de sentido de vivir'.

Como anécdota, señalaremos que el poema –titulado en principio 'La superviviente'- está inspirado en una criada que el autor tuvo en su casa. Ya anciana, estaba sola, toda su familia había ido muriendo, y su único nexo con el mundo era una 'señora' a la que había servido durante mucho tiempo. Un día, se despidió de casa del poeta porque su 'señora' la necesitaba. Tiempo después se enteraron de que había muerto sola, en un asilo de ancianos. Su 'señora' la había despedido porque no la había oído una noche cuando la llamó a altas horas para que la asistiera.

En suma, nos hallamos ante una extraordinaria obra, impresionante por su visión pesimista de la vida y con imágenes poéticas que resultan, en ocasiones, sobrecogedoras y siempre logradísimas en su calidad poética.

En composiciones posteriores, Alonso suavizará en alguna medida su visión pesimista de la existencia -aunque nunca la abandonará-, introduciendo algunos elementos humorísticos, como el poema titulado 'A un río le llamaban Carlos' o las originales 'Canciones a pito sólo'.

De lo que no cabe duda es de su doble magisterio: por un lado, como profesor y crítico, y, por otro, como poeta, haciendo arrancar la lírica tras la guerra y ejerciendo una sabia tutoría sobre los poetas más jóvenes. Es incuestionable que su papel en la poesía española de la segunda mitad del siglo XX es fundamental.

Fotos: 'Hijos de la ira': Tomada de Iberlibro | Residencia de Estudiantes: Ketamino en Wikipedia | Góngora: Anónimo en Wikipedia | Antigua Universidad de Valencia: Un valencià en Wikipedia