El enemigo, de Baudelaire, el poeta que escandalizó a la sociedad

Cuando los excesos románticos habían comenzado a calmarse, un escritor vino a escandalizar aún más a la sociedad francesa: era Charles Baudelaire. Pero, bajo esa capa superficial, se trataba de un gran poeta cuya huella se aprecia en todos los movimientos líricos posteriores, desde los simbolistas hasta el Modernismo.

Cuando el mundo literario francés comenzaba a respirar tranquilo, tras lo que consideraban excesos románticos de los Vigny, Musset, Lamartine, Víctor Hugo o Dumas, quienes habían calmado un tanto sus primeros arrebatos radicales, una tormenta aún peor estaba a punto de desatarse: llegaba Baudelaire.

En efecto, la publicación de Las flores del mal en 1857 constituyó un mayúsculo escándalo social. El prestigioso diario Le Figaro escribía: "Hay momentos en que surgen dudas acerca del estado mental del señor Baudelaire y otros en los que no caben tales dudas" y a continuación: "Este libro es un hospital abierto a todas las demencias del espíritu y a todas las putrefacciones del corazón".

Retrato de Baudelaire

Charles Baudelaire visto por el pintor Gustave Courbet

Algo de cierto había en ello, pero su gran error era no saber distinguir entre un poeta que escribe indecencias porque le gustan y otro que clama de dolor. Y éste último fue, probablemente, Charles Baudelaire (París, 1821-1867), cuya desgraciada infancia le convirtió para siempre en un desterrado de la vida, un hombre que jamás halló remedio a su soledad.

Su desequilibrio se ha explicado atribuyéndolo a un romanticismo rancio, al esnobismo o a los excesos del alcohol y las drogas; en suma, a un deseo masoquista de autodestrucción. Sin embargo, todo ello no es más que el resultado de sentirse inadaptado, desplazado de su mundo e incómodo ante la vida.


Sin embargo, poseía Baudelaire un extraordinario talento para todo lo relacionado con el Arte. Si su cabeza hubiera estado mejor asentada, quizá hubiera sido un excelente pintor. De hecho, durante un tiempo trató de ganarse la vida como crítico artístico y no debía carecer de capacidad para ello, ya que descubrió, entre otros, a Eugene Delacroix. Pero es difícil ganarse reputación social cuando se vive en los bajos fondos.

En cualquier caso, lo que sí ganó Baudelaire para la posteridad fue una justificada fama de extraordinario poeta. Toda la lírica posterior, desde el Simbolismo hasta el Modernismo se ha visto influida por la obra del francés.

Foto de un cuadro de Delacroix

Una pintura de Eugene Delacroix, a quién descubrió Baudelaire

Además, no todas las composiciones de Baudelaire son del cariz de las que criticaba Le Figaro. Buena muestra de ello es la titulada El enemigo, que, dentro de una absoluta corrección, alude a la huella dejada en el autor por el paso del tiempo.

Comparándose con un huerto yermo a causa de los destrozos que en él han causado vientos y aguaceros, el poeta, anegado por los excesos de su vida juvenil, se considera igualmente acabado, incapaz de hacer brotar de sí mismo algo fructífero.

Se trata de una auténtica confesión autobiográfica en la que resalta la belleza del lenguaje empleado, el tono melancólico y exaltado y lo acertado de la continuada comparación.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Baudelaire en Galeón.

Fotos: Charles Baudelaire: Anónimo en Wikimedia | Cuadro de Delacroix: Joaquín Martínez Rosado en Flickr.