El cambio de la poesía

Cisneros es uno de los poetas más importantes del Perú y América Latina en el siglo XX. Con su Canto Ceremonial contra un oso hormiguero dio paso a una nueva etapa que ha marcada a la literatura desde entonces. La libertad que engendra en sus líneas es uno de sus mayores logros.

Canto ceremonial contra un oso hormiguero

Canto ceremonial contra un oso hormiguero

Antonio Cisneros forma parte de las generaciones de poetas peruanos que marcó un cambio, una separación y un nuevo rumbo en la literatura dentro de este territorio. Junto a otros renombrados poetas y artistas en general representa la frescura del cambio.

En los lejanos años 60, cuando rebosaba de juventud, y todo se formaba en su entorno como un extenso poema, Antonio Cisneros dio forma dentro de sí a Canto ceremonial contra un oso hormiguero, majestuoso poemario lleno de color y de mundos sensuales que se oponen al dominio a ultranza de la razón fortalecida por las costumbres, las rutinas, el tedio gris de una ciudad y el trabajo diario para subsistir.

Con dicho poemario se hizo acreedor del Premio Poesía 1968 Casa de las Américas, reconocido galardón de las letras del mundo hispano que año a año fueron recogiendo lo mejor de la producción artística plasmada en libros para hacerla llegar a todo el mundo y se difundiera la maravilla de la palabra escrita.


Versos como y apenas la casa / fue techada / hubimos grande fiesta / el maestro albañil /hizo una cruz de palo”, se reconocen como la muestra de aquellas palabras que eran pináculo de la poesía peruana décadas atrás.

Esos mismos versos evidencian una vivencia muy de cerca con cada proceso de existencia en una ciudad, que puede ser cualquiera del mundo, pero que en el caso de Cisneros es Lima. Y Lima, a través de la poesía viajante por el mundo de Cisneros, toma su lugar como agente que da lugar al hogar de la voz poética.

Quizá con demasiadas referencias y sensaciones experimentadas, el joven Cisneros, el mismo que  retaba al parnaso peruano yendo a todos lados con jeans en vez de las clásicas vestimentas formales, buscaba tanto en su vida diaria como en la poesía resquebrajar esa misma monotonía que una y otra vez se apoderaba tediosamente del mundo que lo rodeaba.

Y así parece, cuando dice “y el mar era una loma / de algas muertas”. Tratando de invertir el orden del mundo, cambiando casi sinestésicamente las características de la tierra y el mar como si fuesen seres vivos.

Cisneros cambia, o retruca, la realidad para bañarla completamente con su poesía que se eleva, que explosiona, que no cesa de jugar a perderse del mundo, una fuga, como en las películas de la nueva ola francesa que por aquellas épocas también buscaban el desfogue.

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