La vanidad de los Duluoz

Libro La vanidad de los Duluoz

Jack Kerouac es uno de los mejores escritores del siglo XX junto con otro buen puñado de genios más. Su lectura no tiene edad, no se apoya en la de otros para ser imprescindible. Lo que nos cuenta es extremadamente sincero, está tan vivo que parece que lo haya escrito ayer, es tan poderoso que a nadie deja indiferente (tal vez por eso tenga a algunos enemigos). Esta vez vuelve a hablarnos de él mismo, de cómo fue su juventud en la ciudad de Lowell (Massachusetts) como jugador de fútbol americano, de cómo se enroló en la marina mercante y atravesó océanos con sólo veinte años durante la 2ª Guerra Mundial, de cómo empezó a vivir en Nueva York. Era por aquel entonces un escritor en ciernes, audaz, un poco provinciano y, sobre todo, vanidoso. Empiezan los alocados años de la generación beat. Todos sus protagonistas aparecen con los nombres cambiados, pero no cuesta demasiado adivinar quién es quién. A sí mismo se denomina Duluoz, aunque en ocasiones se traiciona para explicarnos que Kerouac en celta significa "el idioma de la casa" y después dice: Éste es "el idioma de la casa" que te habla en puros tonos marinos.

Le habla todo el rato a su mujer, más que como si le estuviera escribiendo una carta, como si estuviera grabando su voz en un magnetófono de la época para luego enviarle la cinta. Es un discurso de despedida, aunque ella ya no esté ahí y él no sepa dónde está. Pero aun y así sigue siendo una despedida y Kerouac le dice adiós a todos en 1967 mientras recuerda cómo ha llegado hasta allí (sea donde sea, hasta 1967) y por qué es como es, a lo mejor el por qué de que ella ya no esté junto a él. Por lo tanto, es además de una despedida una disculpa y toda su vida una inmensa justificación de su carácter, hasta remontarse a los orígenes de su propia raza particular de hombres duros, fuertes, sonrientes, de hombres de ojos azules que llevan consigo su propia lengua. (Kerouac).

Kerouac nació en Lowell en 1922, aprendió a hablar en francés, ya que procedía de una familia de inmigrantes canadienses. Era un joven sano, alegre y lleno de esperanzas. Cuando empezó a soñar con ser escritor se veía en el futuro acomodado en una buena casa, sentado junto a su mujer y fumándose una pipa, la pipa del éxito. Anhelaba convertirse en uno de esos eruditos profesores de universidad que escriben libros, en un jugador de fútbol profesional, en un jugador de béisbol, en todo lo que se le pusiera a tiro. Luego, tanta ambición se fue calmando hasta quedar reducida a una inmadura vanidad. La vanidad de los Duluoz (aunque no de todos).

Pero al menos este Duluoz acaba teniendo éxito, escribe una novela de más de mil páginas y se hace escritor. A pesar de eso, este Jack Duluoz (Kerouac) se ve finalmente convertido en 1967 en un hombre melancólico, lo cual es la clave de toda esa generación de jóvenes rebeldes y alocados. Porque ya lo eran en 1942 y en 1944 y en todos los años que les siguieron, a lo mejor sin saberlo o más bien sin quererlo saber. Es lo que dicen todas sus novelas, veo lo que pasa a mi alrededor sin querer verlo porque cuando lo estoy viendo en seguida ya pasa y el momento no vuelve nunca más. Así la vida se vuelve trepidante, hasta el más mínimo detalle, hasta el último de los segundos. Alardea en ocasiones de su gran memoria, la cual le permite escribir de forma vertiginosa. Los personajes se suceden, las experiencias se viven y se van y cuando todo ha quedado registrado en las páginas de un libro, el viejo Jack Duluoz (Kerouac) baja al bar a beberse unas cervezas y bebe hasta que le revienta el hígado.

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