El gallego y su cuadrilla, Camilo José Cela

Después de leer, hace unos pocos días, el entusiasta artículo de nuestro compañero Louis sobre La colmena, el cual suscribo punto por punto, estuve recordando los buenos momentos que he pasado leyendo esta obra maestra de la narrativa contemporánea y otras grandes novelas de Camilo José Cela (La familia de Pascual Duarte, Mazurca para dos muertos), y también recordé haber leído una parte de la obra de este genial autor que, aunque parezca menos elaborada o de menor talla literaria, es también un claro reflejo de la brillantez de este escritor. Son sus Apuntes Carpetovetónicos, recopilados bajo el título de El gallego y su cuadrilla.

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El propio Don Camilo nos aclara qué es eso de los apuntes carpetovetónicos, y dice así: El apunte carpetovetónico pudiera ser algo así como un agridulce bosquejo, entre caricatura y aguafuerte, narrado, dibujado o pintado, de un tipo o de un trozo de vida peculiares de un determinado mundo: lo que los geógrafos llaman, casi poéticamente, la España árida.

Creo que la definición es de una claridad inigualable. Todo lo dicho por el autor, que no es poco, es lo que nos vamos a encontrar al leer estos breves escritos que Cela llama apuntes carpetovetónicos.

Efectivamente, encontraremos altas dosis de ese humor socarrón, lleno de ironía, que siempre acompañaba las apariciones de Cela, fuera a través de sus escritos fuera en propia persona. Hace pocas semanas, con motivo del fallecimiento del ex-sacerdote y político Xirinacs reapareció la famosa anécdota del Camilo José Cela político: Senador por designación real, sentado en su escaño, habiendo tomado la palabra Xirinacs, una sonora ventosidad de Don Camilo dejó sin habla al orador y enmudeció al auditorio, y para deshacer el entuerto el propio Cela se dirigió al orador y le dijo: “prosiga el Mosén”. Ese era también Camilo José Cela.

Pero, además de ese humor tan característico de Cela, encontraremos también el crudo reflejo de esa España árida, porque en estos apuntes aparece retratada, con descarnada realidad, la sociedad española de los años cincuenta del pasado siglo. Por las páginas del libro desfilan poetas, vagabundos, maletillas, tontos de pueblo, y un largo etcétera.

Uno de estos apuntes lleva precisamente por título El gallego y su cuadrilla, cuyo protagonista es Camilo, torero a punto de salir al ruedo improvisado de un pequeño pueblo para hacerle la faena a un hermoso novillo-toro de Don Luis González. El gallego está blanco como la cal. El alguacil, a instancias del Alcalde, tiene poco menos que empujarle al ruedo. El gallego pide quedarse en camiseta porque dice que así se torea mejor. Camilo no se arrima y el público le increpa. Su cuadrilla le apoya: No haga usted caso, don Camilo, que se arrime su padre. ¡Qué sabrán! Éste es el toreo antiguo, el que vale. Después de cuatro pares de banderillas, Camilo sigue sin verlo claro, así que se va para el Alcalde y le dice: Señor alcalde, el toro está muy entero, ¿le podemos poner dos pares más?

Esto es lo que encontraremos en los apuntes carpetovetónicos. Una lectura fácil, entretenida, llena de ironía, repleta de los más variados personajes… y disfrutaremos del humor de Don Camilo pero también seremos testigos de los defectos y miserias de toda sociedad. Así que, después de leer o releer La colmena, o entre capítulo y capítulo, yo probaría con alguno de estos apuntes carpetovetónicos (diez minutos son más que suficientes para leer casi cualquiera de ellos), que de vez en cuando ofrecen pinceladas del mejor Camilo José Cela.