Los invictos, de William Faulkner, la Guerra de Secesión en el profundo sur

El norteamericano William Faulkner es un excepcional novelista pero también un autor difícil de leer. Su lenguaje barroco y las novedades técnicas hacen que sus obras resulten complejas. Así ocurre con Los invictos, retrato de la sociedad sudista de su país durante la Guerra de Secesión.

Entre las muchas clasificaciones que pueden hacerse de los novelistas se encuentra la que los diferencia entre fáciles y difíciles. Los primeros son aquéllos cuyos relatos son lineales, su estilo comprensible y, en suma, su lectura es sencilla. Entre éstos se encuentran los grandes narradores del siglo XIX, desde Gustave Flaubert hasta Benito Pérez Galdós.

Sin embargo, otros autores –todos ellos del siglo XX- llevan a cabo una verdadera revolución de las técnicas novelísticas. Se altera el punto de vista, incluyendo distintos narradores, el argumento pasa a ocupar un lugar secundario, se introduce el monólogo interior o desaparece la tradicional división en capítulos. Los principales artífices de estas innovaciones son James Joyce con su Ulises y Marcel Proust con su monumental En busca del tiempo perdido.

Retrato de una escena de la Guerra de Secesión

Una escena de la Guerra de Secesión norteamericana

Todo ello hace que la lectura de estas obras exija un esfuerzo al lector. Otro de estos novelistas es el norteamericano William Faulkner, quién, a las novedades antes señaladas, añade un lenguaje barroco plagado de frases complejas, párrafos largos y digresiones de los personajes que, en ocasiones, oculta las verdaderas intenciones de sus obras.

Como 'Clarín' creó una Vetusta o García Márquez un Macondo, Faulkner elige como escenario de muchas de sus obras el imaginario Condado de Yoknapatawpha, tras cuyo impronunciable nombre se oculta su profundo sur natal, un mundo que aún no se ha recuperado por completo de su aventura secesionista.

Precisamente, la guerra entre el Norte y el Sur es el trasfondo que sirve como ambientación –más que eso, como veremos- a su novela Los invictos. En ella, recupera a una familia que ya había aparecido en su segunda narración extensa: los Sartoris.

El protagonista o más bien el narrador testigo es Bayard Sartoris, un muchacho del citado Yoknapatawpha que cuenta, desde un futuro cercano a los hechos, las circunstancias que ha visto y vivido durante la Guerra de Secesión y la inmediata posguerra.

Pero, realmente, la trama es anecdótica, lo de verdad importante es la imagen alucinada que Faulkner nos brinda de aquel hecho de la historia de su país. Así, presenciamos como los sudistas defienden su modo de vida, irremisiblemente condenado a morir a manos del progreso. Y, sobre todo, impresionantes resultan las escenas en que grandes masas de antiguos esclavos, repentinamente libres más por no tener amo a quién servir que por causa de la Ley, marchan en multitud sin rumbo fijo.

Se trata, en suma, de una excepcional novela, como todas las de Faulkner pero, como señalábamos al principio, su lectura no resulta fácil. El barroquismo de su estilo, los saltos en la historia y otras –entonces- novedades técnicas la hacen compleja.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: El Poder de la Palabra.

Foto: Guerra de Secesión: BMS 4880 en Wikimedia.