Las mejores intenciones, de Ingmar Bergman

Las mejores intenciones es una novela sueca que narra la vida de los padres del célebre director de cine Ingmar Bergman. Tratando de liberarse de los fantasmas de su infancia, Bergam trata de comprender por qué sus padres se convertirían en fantasmas tristes y frustrados. Al mismo tiempo que un retrato familiar, la novela es un excelente documentos de la Suecia de principios del siglo pasado.

Cartel de la película, con guión del propio Bergman

Quizá te sorprenda encontrara aquí a un cineasta tan conocido como Bergman. Pero hoy le queremos dedicar un espacio a uno de los libros suecos que mejor retratan las relaciones, la religiosidad y el sistema de clases en la escandinavia de principios del siglo XX. Ingmar Bergman, como el buen narrador de historias que fue, intenta desgranar algunos capítulos familiares que le han sido escondidos. Con el afán de comprender cómo su familia ha llegado a un punto de incomunicación tal, el escritor destapa los precedentes familiares que hicieron de su entorno el que, desgraciadamente, resultó ser.

La novela cuenta la historia de amor entre un estudiante de teología, Henrick Bergman, y una acomodada chica de ciudad, Ana Akerblom. Dos personajes que corresponden a dos personalidades reales, los mismos padres de Ingmar Bergman. Él, un precario estudiante que intenta desembarazarse de los dominantes lazos de su madre, se enamora de Ana, una resuelta y moderna joven, criada en el seno de una familia burguesa. Ana encontrará en Henrick la franqueza y la seriedad que le faltan en su atolondrado clima de superficialidad, mientras que Henrick pasará a formar parte de un gran clan familiar. Al mismo tiempo, la fortaleza y las ganas de vivir de Ana le ayudarán a enfrentarse a los desafios de su propia vida. Las aventuras y desventuras de esta pareja están narrados desde una posición privilegiada, la de su propio hijo.

Así, el libro combina una profundidad psicológica muy poderosa con ciertos pasajes o hechos que están manifiéstamente inventados por su autor. La autenticidad que desprende el texto se articula a través de los personajes, perfectamente dibujados y reales, con sus virtudes y sus carencias. Con su generosidad y su egoísmo. Un sentimiento ambivalente con el que el propio Bergaman tendría que lidiar toda su vida. El hecho de reencontrarse con unos padres rejuvenecidos, en los albores de la vida, puede que le ayudase a comprender el porqué de muchas cosas. Por qué en el momento de su nacimiento tuvo que encontrarse con un Henrick triste y represor y con una Ana resignada y conciliadora.

Bergam ejerciendo de director

Algo pasó entre estos dos personajes cuando, tras tener su primer hijo en un pueblo rural de Upsala, se produjera una dolorosa separación. Henrick recibe la oferta de trasladarse a Estocolmo como párroco, pero él prefiere vivir en el campo, aferrarse a las inclemencias de una vida dura y sufriente. Su mujer, que no comparte el sentimiento flagelante que caracteriza a su marido, reniega de un hombre que no ofrece una vida más prometedora para ella y sus hijos. Ante este choque vital, el matrimonio permanecerá separado durante un año, periodo en el que nacería el propio autor de la novela.

Tras ese tiempo, nada volverá a ser igual entre ambos. La religión, la melancolía, el amor, las clases sociales, los traumas de juventud, las relaciones familiares, el clima, la vida en el campo... todo esto y más en un relato realista que puede considerarse como una de las joyas de la literatura contemporánea sueca.

Foto de Ingmar Bergman por Wikipedia Commons en Wikipedia