Agustín García Calvo, el filósofo heterodoxo

Ayer murió en Zamora, su ciudad natal, Agustín García Calvo, un filósofo heterodoxo que vivió en una permanente lucha contra el Sistema. Tres veces ganador de premios nacionales de literatura, ha legado una copiosa obra que abarca todos los géneros, desde la traducción hasta el ensayo y la poesía.

Agustín García Calvo

Agustín García Calvo

Ayer falleció en Zamora Agustín García Calvo, un filósofo heterodoxo que se hizo popular con ciertas actitudes como su rebelión fiscal ante Hacienda, su ataque al automóvil o su proclama de "escribir como se habla" frente al uso pedante del lenguaje. Pero, al margen de estas peculiaridades, fue un gran intelectualque realizó importantes aportaciones en campos tan diversos como la Teoría del lenguaje, la Lógica, la Literatura y, por supuesto, la Filosofía.

Nacido en la misma ciudad de Zamora en 1926, estudió Filología Clásica en la Universidad de Salamanca doctorándose con tan sólo veintidós años. Fue catedrático de la Complutense hasta su jubilación en 1992, aunque durante un tiempo vivió exiliado en París por motivos políticos. Y es que García Calvo siempre fue un intelectual polémico en permanente lucha contra el Sistema. Desde que nació el movimiento del 15-M, se adhirió a él y todos los jueves asistía a sus concentraciones en la madrileña Puerta del Sol.

En este sentido, su viuda, Isabel Escudero, ha señalado: "Lo que más me consuela después de su muerte es la cantidad de jóvenes que ha dejado tras él y tras su pensamiento. Gente viva, del 15-M, y no de la Cultura en mayúsculas, que siempre ha mirado para el otro lado".

Su labor literaria abarca todos los géneros. Fue un consumado traductor de los clásicos griegos y latinos, escribió obras de teatro como 'Baraja del Rey don Pedro' –Premio Nacional de Literatura Dramática en 1999-, 'Tres farsas trágicas y una danza titánica' o 'El otro hombre' y una abundante obra poética. Además, publicó numerosos ensayos de toda índole y un sin fin de artículos periodísticos. Una copiosa creación que le reportó premios como el mencionado, el Nacional de Ensayo o el Nacional al conjunto de la obra de un traductor. Incluso, como curiosidad, escribió el Himno Oficial de la Comunidad de Madrid, por el que cobró la simbólica cantidad de una peseta.

Precisamente cuando le otorgaron el Nacional de Literatura Dramática, dudó en aceptarlo porque "si lo acepto, no sé cuánto pago en sumisión a la cultura oficial cuando siempre la he combatido. Me paso la vida luchando contra la cultura (la consideraba "el opio del pueblo") y ahora me ponen en un brete. Ahora, si se tratara de un compromiso fastuoso y mucho más gordo, como el Nobel, no dudaría en rechazarlo". Como puede apreciarse, genio y figura. Descanse en paz.

Fuente: 'El País'.

Foto: Rafael Jiménez.