'Verano tardío', de Adalbert Stifter

Una novela de aprendizaje en la que brilla la prosa esteticista y exuberante del escritor austríaco.

Adalbert Stifter

En el contexto de la literatura germánica, se conoce como Biedermeier a la corriente del Romanticismo tardío caracterizada por su tono sentimental e intimista y que se desarrolla entre 1820 y 1850. A estos rasgos se añaden un "dolor de vivir" genuinamente romántico y una bondadosa sátira social del mundo pequeño-burgués. El término fue acuñado con cierta ironía por Ludwig Eichrodt y Adolf Kussmaul y en esta época nació el vodevil y la comedia burlesca tan característicos de la Viena imperial.

En este periodo se inscriben las obras de Adalbert Stifter (Oberplan, Bohemia, 1805-1868), un escritor poco conocido fuera del mundo germánico pero que fue muy estimado por colegas como el poeta Hugo von Hofmannsthal, el filósofo Friedrich Nietzsche o el novelista Thomas Mann.

Stifter fue un maestro del relato breve. Sus primeras obras se hallan impregnadas de un pesimismo vital que muestra a los seres humanos sometidos a un destino arbitrario y, con frecuencia, cruel. Así se aprecia, por ejemplo, en 'El monte alto' o 'Abdías'. No obstante, sus obras posteriores reflejan un mayor optimismo y, sobre todo, una madurez literaria que se aprecia en su cuidado equilibrio formal. Muestra de ello son relatos como 'Piedras de colores', 'El sendero en el bosque' o 'El solterón'. A esta segunda etapa creativa pertenecen, igualmente, sus dos novelas extensas: 'Witiko', de carácter histórico, y 'Verano tardío'.

Ésta última es una novela de aprendizaje (o bildungsroman), en tanto muestra las diferentes etapas que ha de recorrer el protagonista para conocerse a sí mismo. Durante una larga caminata por la montaña, un estudiante vienés pide asilo en una solitaria casa cubierta por rosas. Allí conoce a su propietario, el barón Von Risach, que se convertirá en su mentor. Así mismo, con cierta frecuencia, visitan la casa Mathilde y su hija Natalie.

La primera y el barón tienen un dramático pasado común y ahora viven una relación otoñal mientras que no tarda en surgir el amor entre el joven estudiante y Natalie, que realmente es hija del aristócrata. Sin embargo, el argumento es mera excusa para Stifter, que se recrea en la descripción de todo tipo de objetos y paisajes. En ese sentido, la obra es una exaltación del esteticismo. Por otra parte, no es casual el título, pues con "verano tardío" se refiere a esa época de la vida en que se ha alcanzado la madurez y el equilibrio y comienzan a aparecer los primeros indicios de la ancianidad.

Fuente: 'La Jornada'.

Foto: Alessio Maffeis.