'La última cinta de Krapp', de Samuel Beckett o el vacío vital

Indudable derivación de las corrientes existencialistas europeas, el "teatro del absurdo" fue creado por Eugene Ionesco y Samuel Beckett como expresión del sin sentido que para ellos era la vida humana: éste es el mensaje de 'La última cinta de Krapp'.

Castillo de Dublín

Beckett nació en Dublín. En la foto, el Castillo de esa ciudad

El existencialismo literario se desarrolla en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque ya había precedentes a principios de siglo, es entonces cuando el escritor comienza a mostrarse como un ser desvalido ante un mundo brutal que no comprende y que lo subyuga, sin hallar cobijo ni siquiera en la Religión. En la base de todo ello, se encuentra una concepción de la vida humana como algo absurdo y sin sentido.

Respecto al teatro, en esta época se desarrolla una corriente dramática bautizada precisamente así, "teatro del absurdo", que muestra todas estas inquietudes. Podemos hallar un precedente en las obras que, en los inicios de la centuria escribiera el francés Alfred Jarry pero sus verdaderos creadores son el rumano emigrado a Francia Eugene Ionesco y el irlandés Samuel Beckett.

Novelista, autor de ensayos y dramaturgo, toda la obra de Samuel Beckett (Dublín, 1906-1989) responde a una visión del ser humano como una criatura perdida en un mundo que no comprende y en ella encuentran cabida todos los interrogantes atemporales del Hombre. Por ello, se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1969, en reconocimiento a "su escritura que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno". Es la suya, por tanto, una creación profundamente pesimista en la que poseen enorme importancia los valores simbólicos.

A todo ello responde su drama titulado 'La última cinta de Krapp', cuya síntesis argumental es muy sencilla: un hombre que vive recluido del mundo en absoluta soledad, se dedica a escuchar las grabaciones que había realizado durante su juventud. Nada sucede sino que, al final, decide grabar una última cinta en la que registrará sus opiniones respecto al hombre que fue.

Formalmente, el autor rompe con todas las técnicas dramáticas tradicionales. Es un teatro estático, prácticamente sin acción ni recursos escénicos –los decorados, por ejemplo, o son esquemáticos o inexistentes-, con los personajes apenas esbozados y los diálogos muy simples. Todo ello refuerza el mensaje de Beckett: la soledad e insignificancia del hombre moderno para el que, además, no hay esperanza. Un absurdo vital que el autor irlandés ya había mostrado en la considerada su obra maestra, 'Esperando a Godot', aparecida seis años antes. 'La última cinta de Krapp' no es, en suma, una obra fácil de ver o leer: la amargura que transmite puede dejar tocado al más optimista.

Fuente: Samuel-Beckett.

Foto: Infomatique.