'La puchera', de José María de Pereda

Una novela costumbrista sobre los humildes pescadores santanderinos cuya trama resulta un tanto maniquea.

Cantabria Santander

La segunda mitad del siglo XIX fue, literariamente, la época de máximo esplendor de la novela realista en toda Europa, cuando triunfaron autores de la talla de Gustave Flaubert y Honoré de Balzac en Francia, Charles Dickens en Inglaterra o Benito Pérez Galdós y Juan Valera en España. Pero el germen de este tipo de narrativa se encontraba en el costumbrismo del periodo romántico anterior, pues nació al añadir a aquellos cuadros típicos un mínimo desarrollo argumental.

En esta transición tuvo mucho que ver el cántabro José María de Pereda (Polanco, 1833-1906), pues él mismo inició su carrera literaria con una colección titulada 'Escenas montañesas', compuesta por artículos en los que retrataba tipos y costumbres de su tierra natal.

Incluso realizó un esfuerzo interesante por reproducir en estos textos el habla característica de Cantabria, un rasgo que nunca abandonaría a lo largo de toda su obra. Tras vivir un tiempo en Madrid y participar brevemente en política, Pereda se retiró a Santander para dedicarse a escribir. Según parece, fue su amigo Menéndez Pelayo quién le aconsejó dedicarse a la novela. Así apareció, en 1878, 'El buey suelto', subtitulada "Cuadros edificantes en la vida de un solterón". Sería la primera muestra de una prolífica carrera narrativa.

En ella, destacan, sobremanera, un puñado de obras: 'De tal palo, tal astilla', novela de tesis; 'Sotileza', bello retrato de la dura vida de los pescadores santanderinos; 'Peñas arriba', que contrapone el sano mundo rural a los "vicios" de la gran ciudad, o 'La Montálvez', su obra más cercana al Naturalismo y donde, precisamente, critica a la sociedad madrileña de la época. Por su parte, 'La puchera' ?también con rasgos naturalistas- vuelve a situarse en Cantabria para mostrarnos la vida de Juan Pedro, llamado "el Lebrato", y su hijo, que se dedican a pescar en duras condiciones porque deben pagar una deuda a Baltasar, "el Berrugo", un prestamista de baja catadura.

Mientras el hijo del "Lebrato" consigue a la mujer que ama, el usurero ve como su hija, a la que impide casarse con un indiano rico, se distancia de su lado. Al igual que otras novelas de Pereda, La puchera resulta maniquea. Los personajes buenos son demasiado honestos mientras que los malos rozan lo perverso y todos terminan recibiendo, de una u otra forma, lo que merecen. Es quizá esa tendenciosidad en sus obras el mayor baldón del autor cántabro, por otra parte un excelente escritor.

Fuente: Biblioteca Virtual Cervantes.

Foto: Tomás Fano.