'La playa vacía', de Jaime Salom

Más valorado en el extranjero que en España y uno de los autores más prolíficos de las últimas décadas, Salom reflexiona en esta obra sobre la soledad en la madurez.

Jaime Salom

Cuando un escritor alcanza el reconocimiento de crítica y público con una obra, nunca se trata de la primera que ha escrito. Puede ser la primera que publica pero, necesariamente, ha tenido que alumbrar otras que le han servido como aprendizaje. Ello se hace especialmente patente en el género teatral, ya que, para dedicarse a él, hay que conocer no sólo sus técnicas literarias sino también la utilización de los recursos escénicos, pues el decorado, la iluminación o el papel de los actores es, a veces, tan importante como el texto en sí mismo.

Así le sucedió al catalán Jaime Salom (Barcelona, 1925-2013), quién confesaba que, cuando logró estrenar 'El mensaje' -su primera pieza escenificada- ya llevaba escritas al menos veinte que "luego no me han servido para nada, sino como aprendizaje del oficio".

No obstante, con el tiempo, Salom se convirtió en uno de los autores dramáticos más prolíficos de la segunda mitad del siglo XX, superando incluso en cantidad de obras a figuras como Antonio Buero Vallejo, quizá el gran dramaturgo de ese periodo. Pero, curiosamente, sus piezas han sido más apreciadas en el extranjero que en España. Así, André Camp, uno de los grandes críticos teatrales de Francia, ha calificado a Salom como el autor dramático "más interesante y completo" de los últimos cincuenta años. Y es que, en efecto, cultivó tanto la tragedia como la comedia y, en cuanto a su estilo, evolucionó desde las técnicas más tradicionales hasta la utilización de nuevos recursos escénicos, al tiempo que su intención crítica se iba haciendo más fuerte.

Su más abundante etapa creativa se dio en los años sesenta. Por entonces, estrena 'La casa de las Chivas', 'Los delfines', 'Viaje en un trapecio' o 'La noche de los cien pájaros'. Y también 'La playa vacía', cuyo escenario es una zona costera de veraneo. Llega septiembre y los turistas comienzan a marcharse. Victoria, una antigua actriz ya madura que vive en el lugar, se dispone a afrontar la soledad del invierno.

Tan sólo tendrá la compañía de Pablo, un atractivo joven que se dedica a cuidar de la playa y que está con ella por dinero. Sin embargo, repentinamente el mar arroja el cadáver de una muchacha llamada Tana que cambia trágicamente sus vidas. La obra constituye una reflexión sobre la soledad en el otoño de la vida. Estrenada en el Teatro Lara de Madrid el veinte de noviembre de 1970, fue llevada al cine por el mexicano Roberto Gavaldón.

Fuente: 'La Vanguardia'.

Foto: José David Leiva.