'La muñeca', de Boleslaw Prus

Una extensa novela sobre la decadencia del mundo decimonónico que terminaría colapsando en la Primera Guerra Mundial.

Plaza Varsovia

La Primera Guerra Mundial, de la que en 2014 conmemoramos el centenario de su inicio, fue consecuencia de enfrentamientos seculares, intereses económicos y, en buena medida, también de la ineptitud de los políticos europeos para impedirla. Pero un análisis más profundo nos muestra que, quizá, se debió igualmente a una circunstancia inevitable: el fin de una era, la decadencia de un mundo que terminaba para dar paso a otro.

De esa forma la entendieron a posteriori muchos escritores como, por ejemplo, el gran Joseph Roth en su magnífica 'La marcha Radetzky', publicada en 1932. Pero también otros supieron verlo a priori y en este caso hay que mencionar al polaco Boleslaw Prus (Hrubieszów, 1847-1912) con novelas como 'La muñeca'.

Aleksander Glowacki –su verdadero nombre- fue periodista y, desde su tribuna, defendió la independencia de Polonia. Además, fue un convencido seguidor del Positivismo de Auguste Comte y hoy es considerado, junto al Nobel Henryk Sienkiewicz, la gran figura de las letras polacas de su tiempo. De hecho, quiso seguir la estela de novelista histórico de éste publicando 'Faraón', protagonizada por Ramsés XIII. Claro que esta novela, más que centrarse en los puros hechos, lo hace en las fuertes tensiones sociales de aquel convulso reinado. No obstante, hijo de su época, Prus también tenía algo del espíritu romántico que entonces vivía sus últimos estertores.

Todo ello se aprecia en 'La muñeca', publicada con anterioridad a aquella. Su protagonista es Stanislaw Wokulski, un hombre que, salido de la nada, ha hecho una importante fortuna en el comercio. Ya maduro, se enamora perdidamente de Izabela Lecka, mucho más joven que él y tan hermosa como voluble. Esta base sentimental sustenta la trama pero lo que realmente busca Prus es enfrentar dos conceptos de sociedad: la capitaneada por los hombres hechos a sí mismos con esfuerzo y tenacidad y la de la aristocracia rancia e inútil.

Todo ello como reflejo de la decadencia de una forma de entender el mundo que –señalábamos antes- colapsaría con la Primera Guerra Mundial. La novela es realmente voluminosa (casi mil quinientas páginas) pero el escritor polaco la construye con maestría estructural y sabe aportarle otros temas entonces latentes como el desarrollo científico o, en sentido negativo, el antisemitismo. Interesantes son igualmente los personajes secundarios y, con todo ello, Prus crea un relato excelente que, además, constituye una magnífica crónica de aquella época convulsa.

Vía: 'El País'.

Foto: Vinicius Pinheiro.