'La mujer de Ojeda', de Gabriel Miró

Fue la primera novela del escritor alicantino, famoso por 'Las cerezas del cementerio' y el ciclo que conforman 'Nuestro padre San Daniel' y 'El obispo leproso'.

Plaza de Gabriel Miro

El gran referente intelectual de la Generación de 1914, José Ortega y Gasset, señalaba que la novela de su tiempo debía superar las normas tradicionales -un argumento bien trazado, narrador omnisciente, etc- para convertirse en "puro juego intelectual y goce de los sentidos". Pues bien, en lo que respecta a esto último nadie siguió mejor las indicaciones del maestro que el levantino Gabriel Miró (Alicante, 1879-1930), especialmente en sus obras mayores: 'Las cerezas del cementerio', 'Nuestro padre San Daniel' y 'El obispo leproso'.

Claro que su personalidad se prestaba a ello y, sobre todo, su temperamento hiperestésico (es decir, extremadamente sensible) que le dotaba de una especial capacidad para captar todo lo sensorial, ya fueran colores, texturas o aromas.

En consecuencia, sus obras presentan un ritmo lento pues su prosa se detiene a describir los más nimios aspectos de la realidad. Son, por tanto, profundamente líricas y un dechado de perfección literaria. Hasta tal punto esto es así que en las novelas anteriormente mencionadas lo menos importante es el argumento para ceder el protagonismo a ese "goce de los sentidos" de que hablaba Ortega. Sin embargo, no falta en ellas cierta crítica social, sobre todo en 'Nuestro padre San Daniel' y 'El obispo leproso', que conforman un ciclo: ambientadas en la ficticia Oleza, Miró arremete contra la intolerancia de unos pocos que refrena el ansia de vivir de los demás.

Claro que todo estilo requiere un aprendizaje y, antes de sus obras mayores, el alicantino escribió un buen puñado de novelas como 'Hilván de escenas', 'La novela de mi amigo' o 'Nómada' en las que los mencionados rasgos no son tan acusados. De hecho, la primera de todas ellas fue 'La mujer de Ojeda', publicada en 1901, y presenta una trama sentimental, debido a lo que el propio autor la repudió.

El protagonista es Carlos Osorio, un apuesto joven que se enamora de Clara, a la sazón casada con el rico anciano Tomás Ojeda. Hasta aquí, la historia no pasa de ser un triángulo sentimental clásico. Sin embargo, Miró nos guarda una sorpresa, pues el narrador, un amigo de Carlos que no parece pintar nada en la trama, termina prendándose igualmente de Clara y siendo correspondido. No es mal comienzo para un novelista. De hecho, aunque el autor la rechazara, 'La mujer de Ojeda' es un relato que se lee con gusto.

Vía: 'La Cultura del XIX al XXI en España'.

Foto: Adrián Scottow.