'La loca de Chaillot', el drama impresionista de Jean Giraudoux

Novelista antes que dramaturgo, Jean Giraudoux se convirtió, no obstante, en una figura del teatro francés de su época con sus obras impresionistas dotadas de un fuerte lirismo.

Imagen del Palais de Chaillot
A fines del siglo XIX, se produce, especialmente en Francia, una reacción contra el Realismo literario imperante que se ha bautizado como Impresionismo y que se desarrolla en paralelo a las corrientes pictóricas. Como éstas y a diferencia del relato fotográfico propio de aquél, se centra en los detalles y en la palabra para caracterizar a los personajes y narrar la historia mediante significativas pinceladas dotadas de una fuerte subjetividad.

En esta tendencia, que también seguirían autores de la talla de Marcel Proust, se inscribe Jean Giraudoux (Bellac, 1882-1944), una de las grandes figuras del teatro francés de la época a pesar de tratarse de un dramaturgo tardío. Sería a los cuarenta y cinco años y tras publicar buen número de novelas cuando estrenaría su primera obra escénica, una versión de su propio relato 'Sigfrido'.

Dirigida por su amigo el actor Louis Jouvet, que tuvo gran influencia en su vocación dramática, constituyó un hito en los escenarios galos. Tras ella vendrían 'Judith', 'La guerra de Troya no sucederá', 'Electra' u 'Ondina'. Ésta última, una lírica versión de la historia de un espíritu del agua que se enamora de un príncipe humano, es considerada una de sus mejores piezas. Y es que el teatro de Giraudoux se caracteriza precisamente por su lirismo y su fastuosidad verbal en detrimento de la creación de auténticos caracteres y de una trama sólida.

Todo ello se aprecia en 'La loca de Chaillot', una suerte de canto al idealismo y la fantasía frente a lo puramente crematístico. Aurelia es una decadente condesa que, al descubrir que en Chaillot, su barrio, se van a realizar prospecciones petrolíferas con objeto de controlar el mercado de los carburantes, trama un plan para acabar con los conspiradores. Para llevarlo a cabo, cuenta con la ayuda de sus amigas Constanza, Gabriela y Josefina.

Es, por tanto, un combate entre la bondad y el idealismo de una parte y la deshumanización y la codicia de otra que se refleja muy bien en estas palabras de la protagonista: "Somos los últimos hombres libres, la época de la esclavitud llega y no tardará mucho". Fue estrenada póstumamente el diecinueve de diciembre de 1945 en el Teatro del Ateneo parisino con dirección, de nuevo, de Louis Jouvet y, pocos años después, llevada a las tablas de Broadway. Se trata, en suma, de un bello canto al idealismo desinteresado frente a una modernidad que amenaza con avasallarlo todo.

Fuente: Asociación de Amigos de Jean Giraudoux.

Foto: Marcus Meissner.