'El valle del Issa', de Czeslaw Milosz

El Nobel polaco rememora su infancia y adolescencia a orillas del río Nevezis, en su convulsa Lituania natal.

Barco rio

No deja de llamar la atención que un país como Polonia cuente con tantos premios Nobel de Literatura: nada menos que cinco. El primero de ellos fue Henryk Sienkiewicz, autor de la famosa 'Quo Vadis?'. Y, tras éste, el también novelista Wladyslaw Reymont, Isaac Bashevis Singer que emigró joven a Estados Unidos, Czeslaw Milosz y Wislawa Szymborska. No es mal bagaje para una nación cuyas letras no son tan relevantes como las españolas, las francesas o las británicas.

No obstante, el caso de Czeslaw Milosz (Seteniai, 1911-2004) es diferente, pues los lituanos pueden reclamarlo como propio. Y es que, con todas las convulsiones que aquellos territorios vivieron durante el siglo XX, los límites nacionales no dejan de ser en su caso un tanto caprichosos.

En cualquier caso, Milosz es un magnífico escritor que, mientras Polonia vivió bajo el yugo soviético, se convirtió en adalid de la libertad para los demócratas de Occidente. Su obra abarca todos los géneros pero se le considera, principalmente, poeta. Ya en los años treinta publicó dos libros: 'Tres inviernos' y 'Poema sobre el tiempo congelado' y, más tarde, exiliado en París aparecieron 'Luz del día' y 'El rey Popiel y otros poemas', volúmenes a los que seguirían, ya instalado en Estados Unidos, 'Ciudad sin nombre' o 'Regiones lejanas'. Así mismo, de su época francesa es también el libro de ensayos 'El pensamiento cautivo', de gran importancia para entender la formación de la Polonia comunista y que alcanzó un enorme eco internacional.

En cuanto a su obra narrativa, destaca la novela 'El valle del Issa', que simboliza al del río Nevezis y donde cuenta sus recuerdos infantiles y juveniles en su Lituania natal. El protagonista de la obra es Tomás, un muchacho que vive con sus abuelos, los Surkont, en aquellas tierras cuyos habitantes combinan su fe católica con las creencias míticas. Ello confiere al ambiente que nos presenta una aureola mágico-legendaria y en él se desenvuelve el niño aprendiendo las cosas de la vida al tiempo que desarrolla un gran aprecio por la Naturaleza.

Mientras vemos crecer a Tomás, conocemos las historias de otros habitantes de la zona como el cazador Romualdo, Baltazar o Magdalena. Todos ellos conforman un cuadro de época con gran riqueza lírica, algo en lo que se nota la mano del poeta que siempre fue Milosz, condición por la cual se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1980.

Vía: 'La brújula literaria'.

Foto: Tomasz Przechlewski.