'El espejo ciego', de Joseph Roth

Una parodia del folletín vienés clásico a cargo del gran cantor del desaparecido Imperio Austro-Húngaro.

Palacio Holfburg Viena

La obra del novelista austríaco Joseph Roth (Brody, Galitzia, 1894-1939) ha seguido una trayectoria curiosa. En su tiempo, fue menos valorada que la de sus compatriotas Robert Musil, Stefan Zweig o Hugo von Hofmannsthal, todos ellos ilustres representantes del esplendor cultural vienés en los últimos años del Imperio Austro-Húngaro. Sin embargo, con el paso del tiempo, ha sido cada vez más apreciada y, actualmente, Roth es considerado uno de los más importantes escritores centroeuropeos del siglo XX.

Es posible que la causa de ese menor reconocimiento en su época haya que buscarla en su inestable vida. Obsesionado con heredar la locura que, al parecer, sufrió su padre, bebió mucho ('La leyenda del santo bebedor' se titula una de sus novelas) y ello deterioró su salud conviertiéndolo muy pronto y paradójicamente en un enfermo.

Y es que Roth fue un hombre contradictorio. Buena muestra de ello es que, si en su juventud presumía de ideas izquierdistas, tras la Primera Guerra Mundial y el derrumbamiento del Imperio de los Habsburgo, se convirtió en una suerte de apátrida que dedicó buena parte de su obra a exaltar la nacionalidad perdida y a cantar al esplendor de aquella dinastía. Así ocurre en su obra maestra, 'La marcha Radetzky', historia de la decadencia de una familia austríaca cuyo hundimiento corre paralelo al de la monarquía austro-húngara y que hoy es considerada una de las novelas más destacadas de la literatura en lengua alemana. De excelente calidad e idéntica intención es 'La cripta de los capuchinos', que viene a ser un epílogo de la anterior.

Por su parte, en 'El espejo ciego', Roth nos cuenta la historia de Fini, una humilde oficinista que, a pesar de sus fantasías románticas, se casa con un hombre mayor. El matrimonio no va bien y entonces aparece en escena Rabold, un joven revolucionario que vuelve a despertar su imaginación. La novela viene a ser una parodia del folletín vienés de la época. Pero conjuga a la perfección ese tono humorístico con pasajes de elevada calidad lírica que revelan el talento literario del escritor centroeuropeo.

Cuando los nazis se apoderaron de Austria, Roth, que era judío, se refugió en París, donde continuó con sus excesos alcohólicos y adoptó como lugar de escritura el Café Tournon. Pero aquel doble exilio ?primero de su venerado y desaparecido Imperio Austro-Húngaro y, después, de los restos de éste- acabó de minar su salud. Murió el veintisiete de mayo de 1939, apenas unos meses antes de que una nueva masacre se desarrollara en Europa.

Fuente: 'Qué Leer'.

Foto: Francisco Antunes.