'El aire de un crimen', de Juan Benet

Una oscura historia ambientada en el mundo imaginario y mítico de Región que el escritor acostumbraba a mostrarnos.

St Benes Abbyt

A finales de los años cincuenta del pasado siglo, la novela española discurría por los cauces del llamado realismo social. Era, por tanto, una narrativa más preocupada por la denuncia sociopolítica que por la calidad literaria. Sin embargo, hubo excepciones que optaron por apartarse de esa tendencia y escribir obras más adaptadas a las nuevas técnicas y estilos que venían del exterior. Y uno de los autores más brillantes en este sentido fue -con permiso del malogrado Luis Martín Santos- el madrileño Juan Benet (1927-1993).

Ingeniero de caminos con vocación literaria, Benet trabajó en el Ministerio de Obras Públicas al tiempo que colaboraba en revistas de tono intelectual como 'Cuadernos para el diálogo', 'Triunfo' o la 'Revista de Occidente' que fundara José Ortega y Gasset.

A pesar de ello, hubo de costear de su propio bolsillo la publicación de su primera obra, un libro de relatos titulado 'Nunca llegarás a nada'. Sin embargo, el reconocimiento le llegaría con su primera novela: 'Volverás a Región', publicada en 1967. En ella, crea un territorio imaginario y mítico que se halla a medio camino entre el Yoknapatawpha de su admirado William Faulkner y la Comala de Juan Rulfo y que sería el escenario de gran parte de sus obras posteriores. El eje argumental de 'Volverás a Región' son las conversaciones sobre la Guerra Civil que mantiene el doctor Sebastián con el muchacho al que cuida y la misteriosa mujer que lo visita.

También 'El aire de un crimen' se desarrolla en ese universo mítico. Con la huida de dos reclutas y el descubrimiento de un cadáver en el pueblo, se inician una serie de acontecimientos que alteran la tranquilidad de Región al tiempo que muestran que, bajo esa aparente paz se halla oculta una fuerte violencia reprimida. Con esta novela, Benet fue finalista del Premio Planeta en 1980.

En ella encontramos de nuevo el estilo barroco y preciosista de autor madrileño conformado por extensas digresiones, frases muy largas y un léxico culto. Si a esto añadimos los frecuentes saltos en el tiempo hacia adelante y atrás y los cambios en el punto de vista de la narración, estamos obligados a reconocer que la lectura de la obra es difícil. Pero todo ello también evidencia que nos hallamos ante un novelista excepcional que domina las modernas técnicas narrativas a la perfección, sin duda, uno de los más brillantes de las letras españolas contemporáneas.

Fuente: 'Escritores'.

Foto: Elliot Brown.