Dylan Thomas o la bohemia como forma de vida

Tan genial poeta como bebedor impenitente, Dylan Thomas destacó sobre todo por la originalidad de sus versos, en una época en que la lírica inglesa precisaba de aires renovadores con verdadera calidad.

Placa conmemorativa a Dylan Thomas
En los años treinta del siglo XX, la poesía británica discurría por caminos de escasa calidad lírica. Al margen de Thomas Stearns Eliot (nacido en Estados Unidos), cuya obra es extraordinaria y constituye una de las cumbres del género en toda la centuria, los demás autores se perdían, o bien en contenidos políticos revolucionarios de difícil credibilidad, pues se trataba de descendientes de las élites económicas e intelectuales, o bien en audaces experimentos vanguardistas sin mucho sentido.

Por ello, la irrupción del galés Dylan Thomas (Swansea, 1914-1953) constituyó un soplo de aire fresco, tanto por su originalidad como por su altura lírica. No es casual que otro poeta de nuestro tiempo, el norteamericano Bob Dylan, tomase este nombre en homenaje a él (realmente, se llama Robert Allen Zimmerman).

Fue Thomas precoz en todos los aspectos. A los cuatro años recitaba de memoria el 'Ricardo II' de Shakespeare, lo cual, por otra parte, indicaba ya su carácter histriónico. Sin embargo, abandonó la escuela a los diecisiete para dedicarse al periodismo. Desde las páginas del 'South Wales Evening Post' realizó críticas de teatro en las que destrozaba inmisericordemente a las más altas figuras de los escenarios galeses. Al tiempo, vaciaba las existencias de todos los pubs de la zona. Porque fue toda su vida un borracho imposible de redimir y, seguramente, ello lo llevó prematuramente a la tumba. Pero si por algo destacaba era por su vozarrón que cautivaba a todos los que asistían a sus recitales o lo escuchaban en la BBC, para la que trabajó durante la Segunda Guerra Mundial.

Como escritor, cultivó la narrativa, el teatro y la poesía pero fue en este último género en el que destacó sobremanera. Su primer libro de versos fue 'Dieciocho poemas', aunque ya se había hecho un nombre publicando composiciones sueltas en diversos periódicos y revistas. Precisamente con esta obra obtuvo el premio que concedía 'The Sunday Referee'.

Vista de Swansea

Su poesía es enormemente rica. Unas veces desborda lirismo y musicalidad mientras otras se torna oscura y delirante. En ella se aprecian las más variadas resonancias que van desde la mitología y la tradición celta hasta la Biblia, pasando por los surrealistas ingleses. No en balde, concebía la creación poética como algo "tan orgiástico y orgánico como la cópula, divisoria y unificadora, personal pero no privada, propagando al individuo en la masa y a la masa en el individuo", definición tan vaga como variada es su obra. Tras el libro citado, aparecen otros como 'Veinticinco poemas', 'El mundo que respiro', 'Mapa del amor' o 'Defunciones y nacimientos'. Éste último es considerado por muchos críticos su mejor obra. Tan abundante trabajo, sin embargo, no le daba para vivir y siempre subsistió entre estrecheces económicas, algo que ni siquiera mejoró cuando su fama se extendió a Estados Unidos. Allí viajaría en varias ocasiones, en la última de las cuales sufrió una hemorragia cerebral a causa de su alcoholismo que le provocó la muerte. Dice la leyenda que sus últimas palabras fueron: "He bebido dieciocho vasos de whisky, creo que es todo un récord".

En cuanto a su labor teatral, destaca 'Bajo el bosque lácteo', escrita originariamente para la radio. Viene a ser una fábula ambientada en un imaginario pueblo galés en la que todos los personajes tienen nombres simbólicos y que destaca por su lenguaje rítmico y poético así como por un humorismo trágico. Fue, en suma, Dylan Thomas una personalidad singular y un excelente poeta cuya obra añade, a su indudable calidad lírica, una absoluta originalidad.

Fuente: Dylan Thomas.

Fotos: Simon Harriyott y Nigel's Europe.