Con la pluma y con la espada

Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega o Francisco de Aldana son tres buenos ejemplos del cortesano renacentista al modo en que lo caracterizó Baltasar de Castiglione.

Estatua Colon y Reyes

El Renacimiento trajo una nueva concepción de la vida muy diferente a la de la Edad Media que le precedió. En el campo de las letras, se desarrolló el Humanismo, un movimiento que, a grandes rasgos, proponía el retorno a la cultura clásica y la formación integral del individuo. En consecuencia, el caballero renacentista ya no podía ser como el medieval: si éste último vivía centrado en hacer la guerra, el nuevo cortesano debía empuñar a un tiempo la pluma y la espada.

Guía fundamental en este sentido fue un libro titulado, precisamente, 'El cortesano', cuyo autor fue el transalpino Baltasar de Castiglione (Mantua, 1478-1529). En él, señalaba que el gentilhombre renacentista debía saber manejar las armas y guerrear pero también cultivar la poesía y la música y ser capaz de conversar con sus semejantes sobre todos los temas, al tiempo que se mostraba galante con las damas.

Consecuentemente con todo ello, en el Renacimiento abundan los poetas-soldado, que tan pronto se hallan asediando una ciudad como encerrados en su casa escribiendo poesía. La Literatura Española es pródiga en ellos y aquí hablaremos de tres que, además, murieron en combate. Por seguir un orden cronológico, citaremos en primer lugar a Jorge Manrique (Paredes de Nava, Palencia, hacia 1440-1479), mundialmente conocido por las bellísimas 'Coplas a la muerte de su padre' y que, pese a no tener una obra muy abundante ?unas cuarenta composiciones-, fue un excepcional poeta y precursor del cortesano renacentista. Perdió la vida en Santa María del Campo Rus (Cuenca) mientras combatía a los últimos opositores a la llegada al trono de los Reyes Católicos.

Más famoso aún es, si cabe, Garcilaso de la Vega (Toledo, hacia 1498-1536), uno de los grandes líricos de la Literatura Española que presenta dos etapas en su producción separadas por su estancia en Italia: la primera aún es de tono tradicional pero la segunda ?tras el citado viaje- supone la asunción de las nuevas formas utilizadas en el país transalpino y, en definitiva, la introducción del Renacimiento literario en España.

Biblioteca publica Guadalajara

Gracilaso participó en un sinfín de batallas, siempre al lado del Emperador Carlos V, para el que también ejerció como diplomático e incluso espía. Mientras se hallaba asediando la fortaleza de Muy (Francia), fue herido y moriría un mes después. Curiosamente, entonces aún no había publicado nada. Sería su amigo y colega Juan Boscán quién recopilaría sus composiciones y, a la postre, la viuda de éste las publicaría junto a las de su marido.

Por su parte, nuestro tercer protagonista es menos popular pero no por ello peor poeta. Se trata de Francisco de Aldana (Nápoles, hacia 1537-1578). Hijo de un militar español destinado en Italia, pasó su juventud en Florencia, consagrado al estudio de las lenguas clásicas. Pese a ser llamado "el Divino" por Miguel de Cervantes (otro escritor soldado), a su muerte cayó en un ostracismo del que lo rescataron a mediados del siglo XX colegas en la poesía como Luis Cernuda. Al igual que los anteriores, Aldana murió en combate durante la batalla de Alcazarquivir (hoy Marruecos), en la que participó como general de las tropas enviadas por los portugueses, la misma en la que pereció el mítico rey Don Sebastián. Sus obras también fueron publicadas póstumamente, en este caso por su hermano Cosme. En suma, son Manrique, Garcilaso y Aldana tres ejemplos de cortesano renacentista pero hay otros, bien es cierto que de menor altura lírica, como el capitán Andrés Fernández de Andrada, quién escribía, resumidamente: "Yo dejo la pluma y me voy al arcabuz". Si vosotros recordáis algún poeta-soldado de la época, podéis hacérnoslo saber a través de los comentarios.

Fuente: 'Historias'.

Fotos: Biblioteca Pública de Guadalajara y Marco Chiesa.