'Años y leguas', de Gabriel Miró

Un conjunto de relatos hilados por la figura de Sigüenza, "alter ego" lírico del autor y que ya había aparecido en otras obras suyas.

Paisaje sierra

Pocos críticos literarios supieron captar los cambios que se estaban produciendo en la narrativa a principios del siglo XX como José Ortega y Gasset. Y ello a pesar de que éste era filósofo y no un estudioso de la Literatura. Porque el pensador madrileño publicó en 1925 'Ideas sobre la novela', un libro en el que señalaba que los lectores del momento ya no mostraban interés por la narrativa realista, que había "agotado" sus temas, y, en consecuencia, los autores debían preocuparse más de los ingredientes estéticos que de la trama.

Uno de los novelistas que mejor interpretó estas tesis orteguianas fue el levantino Gabriel Miró (Alicante, 1879-1930), cuyas obras, plagadas de lirismo, se centran más en la descripción de sensaciones e imágenes que en argumento alguno.

Dotado de una extraordinaria capacidad literaria, en efecto las novelas de Miró brillan por su bellísimo estilo y sus exquisitas y completas descripciones, ante las cuales nos parece captar no sólo la luz y el color de un lugar sino también su olor y sus sonidos. La primera obra que publicó fue 'La mujer de Ojeda', a la que siguieron 'Hilván de escenas', 'La palma rota' o 'El hijo santo'. No obstante, la crítica coincide en que su periodo de madurez se inicia con 'Las cerezas del cementerio', donde narra el amor trágico de Félix Valdivia, un hombre hipersensible, por una mujer mayor que él. Tras ella, vendrían 'Nuestro Padre San Daniel' y 'El obispo leproso', que conforman un sólo ciclo. Ambientadas en Oleza (trasunto de Orihuela), se centran en la vida reprimida que llevan sus habitantes.

Pero antes que éstas había publicado 'El libro de Sigüenza', protagonizada por una suerte de "alter ego" lírico del autor que reaparecerá en 'Años y leguas'. Componen este libro una serie de estampas interrelacionadas, precisamente, por el personaje de Sigüenza. Así, 'La llegada', 'El señor vicario y Manihuel', 'Caminos y lugares' o 'Agustina y Tabalet'.

Todas ellas ambientadas en la sierra de Aitana, constituyen una sucesión de evocaciones sensoriales magistralmente escritas. Pero también tiene espacio la reflexión filosófica, traída al hilo de los paisajes y los personajes. Fue la última obra de Gabriel Miro, uno de los más grandes prosistas, no sólo de su generación, sino de todo el siglo XX en las letras españolas, capaz de encontrar las palabras exactas para que los lectores imaginemos lo que nos está describiendo.

Vía: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Foto: Juan Carlos.