Las ciudades invisibles de Italo Calvino

fotociudadesinvisibles.jpgUn libro (creo yo) es algo con un principio y un fin (aunque no sea una novela en sentido estricto), es un espacio donde el lector ha de entrar, dar vueltas, quizá perderse, pero encontrando en cierto momento una salida, o tal vez varias salidas, la posibilidad de dar con un camino que lo saque fuera

Estas palabras de Italo Calvino en la presentación de su obra Las ciudades invisibles, la definen muy bien, porque sin ser una novela en sentido estricto, tiene un principio y un fin, y rutas por las que el lector da vueltas, gira, viaja, hasta la salida. Es una especie de laberinto, plagado de ciudades, ciudades inventadas, ciudades invisibles para los ojos de los que no aprecian la imaginación y la poesía.

Sin ser tampoco una obra poética, que no era eso lo que se propone Calvino, tiene, además, cierto ritmo y, por supuesto, una prosa tan rica en adjetivos, con un gran componente lírico en sus elegido léxico que acaba siendo prosa poética. Y es a través de este léxico, de la palabra, como se crean estas ciudades invisibles. De nuevo, el poder constructivo y creador de la palabra.

De nuevo, Italo Calvino nos dice algo de ella: “Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades

calvino.jpgAunque como quería Calvino, sí hay trama en las Ciudades Invisibles, ésta no corresponde a la trama que se espera de una novela clásica, porque, también lo deja eso claro el autor, no quiere hacer una novela clásica. Tampoco quiere hacer historia, porque los datos históricos que nos ofrece, no son precisamente del todo exactos, claro que tampoco lo eran los datos proporcionados por Marco Polo en las memorias de sus viajes.

Esta es una historia de llegadas y de partidas, de viajes hacia el interior de un imperio y hacia el interior de dos personas: Marco Polo y Kublai Jan.


El emperador de los tártaros pide a Marco Polo que viaje por su imperio y que le describa lo que ve. Por supuesto, no es su único explorador, pero, será quien mejor se amolde a su deseo, porque Marco Polo va más allá, y describe lo que ve y lo que no ve, ciudades que están y que no están, pero las ve sólo él y están sólo para él y para su señor, cuando reviven en la voz de Polo:

- Mi mirada es la del que está absorto y medita, lo admito. Pero ¿y a tuya? Atraviesas archipiélagos, tundras, cadenas de montañas. Daría lo mismo que no te movieses de aquí

Es cierto que es una obra algo extraña, pues lo es también la misión que Kublai Jan le ha dado a su embajador extranjero: que recorra su Imperio y que le lleve noticias de cada una de las ciudades, pero no las noticias que les llevaría cualquier otro embajador, lo que el gran Jan espera es que Marco Polo le cuente lo que ningún otro podría contarle, ni siquiera le interesa si habla a la perfección su idioma o no, si, al principio, tiene que interpretar sus gestos y sus saltos y si, al final, Polo habla la lengua tártara con mucha mayor competencia que cualquier habitante del Imperio, porque a Kublai le interesan poco las palabras, él quiere conocer el significado, se interesa más por el contenido que por el continente.

Lo que no quiere decir que Italo Calvino descuide, en absoluto, los aspectos formales, todo lo contrario.

Algo que llama la atención es, precisamente, el sistema de ordenación seguido para describir las ciudades.

Si tomamos el índice del libro, nos sorprenderá la repetición de los nombres de los capítulos, y no es, por supuesto que los capítulos se repitan, sino que Calvino ha jugado un poco y ha seguido una ordenación diferente a la esperada: ha mezclado los capítulos entre sí, de manera que le ha quedado algo extraño, para los que estamos acostumbrados a leer todo lo que se refiere a un tema, de un tirón. Quizás hubiera sido más normal que la obra hubiera estado dividida en 11 capítulos con cinco ciudades cada uno, pero se perdería ese sentido laberíntico que tiene esta estructura.

La explicación que da en su Presentación es bastante clara (en realidad, creo que el Prólogo puede considerarse parte de la misma obra, parte integrante de las historias que Polo cuenta a Kublai, sólo que en esta ocasión Calvino ha tomado el papel de Polo y el lector el de Kublai, por esto que sea tan interesante y esclarecedora su lectura): “Al final decidí que habría 11 series de 5 textos cada una, reagrupados en capítulos formados por fragmentos de series diferentes que tuvieran cierto clima común. El sistema con arreglo al cual se alternan las series es de lo más simple, aunque hay quien lo ha estudiado mucho para explicarlo

Para no darle muchas vueltas y decir más de lo que para Calvino significa cada serie, simplemente, veamos cuáles son las series y algunas de las ciudades que, por sus características, pertenecen a tal o cual grupo:

En las ciudades y la memoria encontramos ciudades bellas como Diomira, a la que es preferible para verla como se merece llegar en una noche de septiembre; Isidora, la ciudad de los sueños que se han convertido en recuerdo; o Zaira, la ciudad que, para describirla, habría que recurrir a su pasado; Zora, la ciudad que deben recordar todos los hombres que quieren ser considerados sabios; Maurilia, en la que todo permanece igual, hasta los nombres de sus habitantes o las gallinas en la plaza.

Enumerar las ciudades de cada una de las siguientes series, sería demasiado largo, les invito a que las descubran ustedes, pero les doy, eso sí, el nombre de los grupos que Calvino propuso: las ciudades y el deseo; las ciudades y los signos; las ciudades sutiles; las ciudades y los trueques; las ciudades y los ojos; las ciudades y los nombres; las ciudades y los muertos; las ciudades y el cielo; las ciudades continuas; y las ciudades escondidas.

marco_polo_at_the_kublai_khan.JPGOnce series en total, pero no continuas, se mezclan entre sí, alternándose las unas a las otras, formando un laberinto por el que se mueve Marco Polo, a veces, se nos antoja que sólo en sueños, otras veces, da igual que sean reales o sólo aparezcan en un tablero de ajedrez.: “No está dicho que Kublai Jan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus misiones…

En cada uno de los nueve capítulos o libros en los que está dividida la obra nos encontramos siempre con la misma estructura: una especie de prólogo, con el diálogo entre Kublai y Marco, a este prólogo o introducción, le sigue la exposición de las ciudades, para acabar con una conclusión, en la que reaparecen los dos personajes, que se convierten así en el hilo conductor.

Estas conclusiones son, hasta cierto punto, independientes entre sí y cada una de ellas merecería por sí sola ser la conclusión final, sin embargo, yo me quedo para terminar con esta reseña con la que sirve para cerrar el capítulo IV, creo que en ella está encerrada la esencia de las ciudades descritas:

Pero no puedo llevar mi operación más allá de ciertos límites: obtendría ciudades demasiado verosímiles para ser verdaderas