“Mezclados y agitados” el libro perfecto para leer entre copas

"Mezclados y agitados" es un libro que reúne a los más grandes escritores y sus cócteles preferidos, abarcando a verdaderos maestros de la Literatura.

"Mezclados y agitados", los grandes escritores y sus cócteles favoritos

Con un título que hace referencia a una de las famosas frases del personaje de ficción James Bond: “Mezclados y agitados” combina pequeñas cantidades de los escritores alcohólicos, bebedores sociales y los abstemios más obstinados que ha dado la literatura, y que como aconseja el autor, es mejor leer tomando "un whisky con hielo o un gintonic".

Desde Dostoievski a Tomeo, pasando por Baudelaire y Hemingway, en este libro se reúnen a manos del filólogo Antonio Jiménez Morato, un total de 39 escritores (un un cuadragésimo, pero al final no fue incluido por “petición propia”, aclara el autor) brillantes y exóticos, simpáticos o aburridos, pero siempre aderezados con la dosis justa de alcohol.

Mezclados y agitados”, publicado por la editorial Debolsillo, es más que un libro de anécdotas, Jiménez Morato nos relata la relación de estas figuras célebres con la bebida, como influyó en su obra y hasta qué punto llegó a ser el eje de su propia vida. Todo ello acompañado de la receta de numerosos cócteles y combinados con los que alargar la celebración más allá de la lectura.

"No he tratado de crear una nómina de escritores aficionados al alcohol o con problemas de alcoholemia", resalta el autor, quien cree que la creación literaria "no está más relacionada con el alcohol que el resto de las labores del ser humano", si bien como droga "potencia la creatividad porque desinhibe nuestras mentes".

A muchos sin duda debió inspirarles como en el caso de Djuna Barnes (1892-1982), que escribió "El bosque de la noche" entre tragos en un palacete al que se le acabó llamando "hangover hall" (mansión de la resaca), o Charles Baudelaire (1821-1867), un apasionado de la absenta, al igual que tantos bohemios de su época.

Otros lamentablemente terminaron sucumbiendo ante la bebida, como Truman Capote (1924-1984), quien con esta concepción de sí mismo: "Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio" no escondía en absoluto su adicción al alcohol, un vicio que acabaría con su vida. Para Raymond Carver (1938-1988), su alcoholismo fue la causa de "mucho sufrimiento" y para John Cheever (1912-1984) el alcohol se convirtió en "una obsesión".

También encontramos a bebedores sociales, que aunque no consuman asiduamente, cuando lo hacen es en exceso. En esta categoría se engloban a Gabriel García Márquez (1927), Juan García Hortelano (1928-1992), Jaime Gil de Biedma (1929-1990) o Juan Marsé (1933).

La obra nos ilustra el protagonismo que el alcohol o las tabernas han tenido en los escritos de estos autores. Así, "en casi todas las novelas y en muchos de los cuentos" de Mario Vargas Llosa (1936), hay algún bar presente, tanto es así que su libro "Conversación en La Catedral" toma el nombre de uno de ellos.

Jiménez Morato, a lo largo de las 255 páginas del libro, empareja a cada autor con la bebida que más les caracteriza, ya sea por su adicción o por el uso social que hacían de ella. También describe su historia y explica su receta, para aquellos que sigan sedientos después de la lectura.

Algunas de las relaciones que el escritor hace entre autor y bebida son las siguientes: Alejo Carpentier con el Daiquiri, a Julián Herbert con el Kamikaze, Juan Rulfo con el Margarita, William Faulkner y el Julepe de menta, Mario Vargas Llosa y el Chilcano, Julio Cortázar y el Cubalibre, Truman Capote y el Destornillador, Josefina Vicens y el tequila macho, Jaime Gil de Biedma y el Sol y sombra, Hemingway y el Papa doble o Javier Tomeo y el café irlandés, entre otros.

Jiménez Morato (Madrid 1976), confiesa no emborracharse "a diario, ni siquiera semanalmente", aunque sí que ha compartido alguna que otra copa con varios de estos colegas porque son amigos y conocidos. Sin embargo citando a David Foster Wallace, el autor no recomienda "a nadie que se vaya de copas con un escritor por el hecho de que lo admire", ya que puede decepcionarse.

"De los que están en el libro que no conozco hay uno que me gustaría conocer, Juan Marsé, porque pienso que no me decepcionaría en persona, no destrozaría la imagen que tengo de él. Me pensaría mucho irme de copas con Vargas Llosa, en el caso remoto de que él me invitase", agrega.

El toque artístico lo añade el ilustrador Aurelio Lorenzo Pérez, quien hace unos magníficos retratos de cada autor, para "ir un poco más allá del servil retrato en las ilustraciones, del mismo modo que se ha hecho en los textos", apunta el autor.

Mezclados y agitados” es parafraseando a Capote, “un paseo entre copas” desenfadado y que te anima a disfrutar de la lectura sorbo a sorbo.