Alicia en el País de las Maravillas cumple años

El 26 de noviembre se cumplen 156 años de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Un libro que, dependiendo la edad, el momento, tiene lecturas diferentes y todas atractivas.

Alicia Anotada, edición de Akal.

Alicia estaba somnolienta, al lado del río, mientras su hermana leía un libro sin dibujos. Aburrido, pensaba ella. Alicia empezaba a caer en un sueño cuando, de golpe, un conejo blanco se cruzó delante de ella, se metió en su madriguera y ella lo siguió. Alicia en el País de las Maravillas cumple años. El 26 de noviembre sopla 156 velas. Y como ella vivía en un mundo de fantasía, surrealista, mágico y posible, podría perfectamente celebrarlo con una tarta que le hablara, sentada junto al Sombrerero Loco o el gato de Cheshire o la Reina de Corazones. Bueno, con ella mejor no. ¡Que le corten la cabeza!

En 1865 Lewis Carroll publicó la primera edición de Alicia en el País de las Maravillas, de la que apenas se conocen 22 ejemplares. Tan deseados que algunos se cotizan por casi 3 millones de euros o más.

Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas.

Alicia en el País de las Maravillas puede ser un libro para niños. También un libro para adultos. Un libro con personajes mágicos a los que todos hemos identificado gracias a los dibujos de John Tenniel. También, claro, gracias a las películas de Disney y, más recientemente, a la versión de Tim Burton.

Una niña, inspirada en la relación que Lewis Carroll tenía con la pequeña Alicia Liddell. Otros han escrito y especulado mucho sobre los vínculos de Carroll con esta niña de la que era tutor.

No estamos ante un cuento al uso: no hay hadas, no hay ogros, no hay un villano al uso. Alicia es una niña de clase media, recatada, modosita y un poco desobediente. Pero sólo un poco. Y un mucho listilla. Un niña que cae en un mundo donde todo el aprendizaje tradicional le sirve de poco, por no decir de nada.

Alicia Liddell, la niña en la que se inspiró Carroll.

Todas sus aventuras empiezan con la persecución de ese conejo que lleva chaleco y un reloj y va apurado porque llega tarde. El personaje desaparece del libro hasta que, al final, como heraldo del rey y la reina, vuelve a escena de forma sutil y casi imperceptible. Alicia, tras caer en la madriguera del conejo encuentra un pastel (Capítulo 1). Cómeme, dice. Y lo come. Y ella se hace gigante y empieza a llorar y acaba nadando entre sus propias lágrimas (capítulo 2). Su nuevo tamaño le permite alcanzar un abanico mágico que se le ha caído al conejo: su tamaño disminuye, disminuye, disminuye... hasta que lanza el abanico lejos y el cambio fisonómico se detiene.

Sigue su viaje, conoce el gato de Cheshire, al Sombrero Loco y a la Liebre de Marzo. ¿Son, acaso, los personajes más recordados de todo este libro junto a la Reina de Corazones?

No se trata de contar todo el libro, sino de encumbrarlo una vez más. El de Carroll es uno de esos textos que perdurarán siempre, porque cada lectura es nueva. Y lo que para un niño es sólo un gato que aparece y desaparece, o una niña que crece y disminuye de tamaño, para un adulto son ideas que van y vienen, o el conocimiento de un mundo de alucinaciones o la contante huida hacia adelante o  una crítica al mundo imposible de los adultos. De hecho, el de Alicia no deja de ser un viaje desde la niñez al mundo de los mayores.

Ante ese universo, Alicia es rebelde, contestaria, independiente, lógica hasta poner en evidencia el sinsentido común del mundo de sus mayores.

Portada de la primera edición de Alicia en el País de las Maravillas.

En su época, el libro se dejó ver como una crítica a la sociedad victoriana. Pero, sin duda, 156 años después de su nacimiento, Alicia en el País de las Maravillas se puede leer trasladando las escenas al mundo de hoy: la vorágine del tiempo, el ruido que impide la reflexión -Alicia es la reflexiva, la que con sus palabras tumba muros y, en lenguaje de hoy, pasa pantallas hasta el final de la historia-, la injusticia de un poder autoritario.

Hay, para los más apasionados de este libro, una maravillosa edición en castellano. El texto de Lewis Carroll llega acompañado las míticas ilustraciones de John Tenniel y de las anotaciones de Martin Gardner. Editada por Akal, es un maravilloso regalo para niños... y mayores. Es cierto que uno espera alguna incursión por el mundo de las matemáticas, al que siempre se ha asociado Alicia en el País de las Maravillas y su secuela, Alicia a través del espejo. [En la edición de Akal que recomendamos están los dos libros]. Para muchos, un texto que mejora a su precursor.