Treinta y cinco años del Nobel a Vicente Aleixandre

Este año se cumple el trigésimo quinto aniversario de la concesión del Premio Nobel de Literatura al poeta sevillano Vicente Aleixandre, que, sin embargo, hoy ha caído en un lamentable ostracismo. Se trata de uno de los más brillantes líricos de la Generación del Veintisiete y, sin duda, merecería mayor recuerdo.

El presente 2012 se cumplen treinta y cinco años desde que la Academia Sueca decidiese otorgar el Premio Nobel de Literatura al poeta andaluz Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-1984), figura destacada de la Generación del Veintisiete que, desde entonces, ha caído en un lamentable olvido fuera de círculos académicos (claro que éstos tampoco deben tomarse su figura con mucho interés, ya que son ellos quiénes tienen la función de mantenerla viva).

Vicente Aleixandre nació en Sevilla (en la foto, una vista de esa ciudad)

Vicente Aleixandre nació en Sevilla (en la foto, una vista de esa ciudad)

Incluso se ha tenido que crear una Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre, encabezada por el también poeta José Luis Cano, que tiene entre sus objetivos la restauración del chalet madrileño en el que el poeta vivió la mayor parte de su vida y que hoy se halla en ruinas a causa de un incendio.

No deja, por otra parte, de resultar curiosa la forma en que se despertó la vocación poética de Vicente Aleixandre. Fue durante una estancia en Las Navas del Marqués, villa de la provincia de Ávila a la que acudía para cuidar su mala salud, cuando conoció a su compañero de generación Dámaso Alonso, que le prestó un libro de Rubén Darío. La lectura de los versos del genial nicaragüense impulsó al sevillano a dedicarse a la lírica. Poco después, conocería a Antonio Machado y a Juan Ramón Jiménez, otras dos influencias esenciales en sus primeras composiciones y, junto a estos maestros, el Surrealismo dejaría una huella fundamental en su obra.

Dos rasgos pueden considerarse fundamentales en ella. Por una parte, su concepción de la poesía como comunicación antes que belleza: para él, "no hay palabras feas y bonitas en la poesía; no hay más que palabras vivas –que dicen algo- y palabras muertas". Y, por otra, sus grandiosas metáforas, cuyo carácter recuerda en ocasiones el tono exaltado de los profetas. Junto a ello, un lenguaje denso y solemne encuadrado en versos libres y un hermetismo que fue cediendo con el tiempo.

La crítica ha diferenciado dos etapas en su creación lírica en función de la imagen del mundo que hallamos en sus composiciones. La primera llega aproximadamente hasta 1945 y en ella muestra una visión pesimista del ser humano: es una criatura frágil y vulnerable poseída por el dolor y la angustia. A ésta pertenecen libros como 'Ámbito' o 'Espadas como labios'. Pero, destacan sobremanera 'La destrucción o el amor', Premio Nacional de Literatura en 1933, y 'Sombra del Paraíso', quizá su mejor creación y que canta con tonos majestuosos y un bellísimo lenguaje al exhuberante Cosmos anterior a la aparición del Hombre, que trajo la limitación y el dolor.

Vicente Aleixandre conoció a Dámaso Alonso en Las Navas del marqués (en la foto, castillo de esa localidad)

Vicente Aleixandre conoció a Dámaso Alonso, su mentor poético, en Las Navas del Marqués (en la foto, castillo de esa localidad)

Sin embargo, a partir de 'Historia del corazón', Aleixandre muestra otra imagen del ser humano. Ahora es visto de forma positiva: continúa siendo una criatura desvalida y sufriente pero también que afronta su destino con valor. Podría decirse que el poeta se abre a los demás, solidarizándose con ellos. A este libro, en el que hay grandes poemas amorosos, siguen 'En un vasto dominio', 'Retratos con nombre' o 'Diálogos del conocimiento'. Pero, sobre todo, otra de sus cimas líricas: 'Poemas de la consumación', en el que, ya anciano, canta a la juventud como "la única vida". Aunque su tono es sereno, no puede evitar un cierto grado de tristeza ante el correr de los años que le encamina al fin de su existencia y su lenguaje ha alcanzado la plenitud.

Vicente Aleixandre es, sin duda, una de las grandes figuras del Grupo Poético del Veintisiete y, por ello, uno de los más importantes poetas modernos. Además de los valores que muestra su extraordinaria creación, es considerado puente entre varias generaciones de poetas. Éste es el juicio que él mismo anhelaba merecer, pues pedía con humildad que se dijese: "en su tiempo, no quedó del todo al margen de la corriente viva de la poesía: había enlazado con un ayer y no había sido materia interruptora para el mañana". Sin duda, un lírico de su talla –uno de nuestros pocos premios Nobel- merece mucho mayor recuerdo que el que se le presta en la actualidad.

Fuente: Club Cultura.

Foto: Paco Abato y Jacilluch.