Retrato con bestias y ómnibus de Pamela Alexander, la foto del siglo pasado

'Retrato con bestias y ómnibus', de Pamela Alexander es un poema sobre la transición del cambio de siglo, todo ello captado en una foto, cuyo microcosmos es descrito por un yo poético que se cuestiona por el devenir de los personajes retratados, una vez que retomaron el curso de sus existencias.

El ómnibus, protagonista de la obra

El ómnibus, protagonista de la obra

En algunos poemas lo que nos deslumbra es como el autor puede verbalizar en un orden complicado los eventos que enumera como referentes de una situación que recrea, en cierta forma menciona en forma difícil lo simple, esto vale para el estilo, también para hacer participar al lector en el proceso de decodificación del mensaje del texto artístico.

En estos poemas nada está demás, todo detalle cuenta para quien tenga la paciencia de releer o hacer una lectura detenida y captar el máximo de variantes a la lectura denotativa. Este virtuosismo está patente en la poesía de Pamela Alexander (Estados Unidos, 1948), una escritora que trasunta motivaciones metafísicas en sus composiciones.

Su poema 'Retrato con bestias y ómnibus' gira en torno a la descripción de una foto en sepia de un siglo de antigüedad; en ella aparecen dos niños que miran atentos el objetivo del fotógrafo, una mujer detrás de ellos en falda larga que mira como escrutando su futuro, pues está esperando su transporte en una parada de autobús.

Tras la cabeza de esta mujer, un edificio aparece como formando un extraño sombrero. Hay también un burro que no ha sido considerado por el fotógrafo pues media cabeza de él ha salido fuera de cuadro, este animal es indiferente a las emociones de los otros personajes y al esfuerzo del fotógrafo. Hay otras personas en movimiento, como apurados, que serían los personajes secundarios, ellos siguen con su vida en el instante de la foto.

Todo queda congelado en el tiempo
Hay asombro y curiosidad por ver una foto antigua, porque es como ver otro mundo, algo que ya pasó, se descubren situaciones que ya no existen, como que convivan al mismo tiempo un ómnibus y un burro. Viendo esto se hace patente la diferencia con nuestro tiempo, pues hay cosas que se han perdido. Se descubre todo un mundo que congelado existe en el plano de la foto, perennizado en sus dos dimensiones de ancho y alto. Esa gente ha existido e iba a continuar existiendo después, al margen de que les hayan tomado la foto.

La poeta reflexiona que otras personas que no salieron en la foto, se encontraban en los alrededores continuando sus destinos. El ambiente de la foto parece de cambio de siglo, cuando las cosas de distintas épocas conviven, pero un uso va a desplazar al otro. Hay una poética de la transición, lo que está actualizado en el momento de apreciar la imagen y luego ha dejado de ser.

El fotógrafo es un artista, quizá no muy reconocido pero si un compositor, también un ser que convoca a las imágenes, las agrupa, las direcciona, les da un sentido. Lo que está en el microcosmos de la foto perdura para ser apreciado al cabo de un siglo, guardando el misterio del devenir de los destinos de cada individuo y personaje de la escena. En el título hay la intención de describir lo principal que es el retrato de las personas dirigidas por el fotógrafo y lo accesorio que son detalles como el burro y el ómnibus, sin embargo estos elementos brindan la sensación de atemporalidad, permiten congelar el instante para el poema descriptivo.

Pamela Alexander es una poeta descriptiva y reflexiva, tiene momentos metafísicos en su poesía, donde se cuestiona por el devenir de sus personajes, por trascender las coordenadas de espacio y tiempo en que estos se hallan enmarcados. En este poema un retrato se vuelve un instante que perdura un siglo por captar una época de transición, de un cambio en los medios de transporte y en el paisaje urbano.

Leer el poema aquí

Foto: Omnibus por Elsie esq. en Flickr