Prohibido suicidarse en primavera, de Casona

Generalmente, la opinión sobre un autor de la crítica no coincide con la del público. Le sucedió a Jardiel, a Benavente o a Arniches. Y también a Alejandro Casona, cuyo teatro mostraba problemas atemporales del hombre como el conflicto entre fantasía y realidad. Así sucede en Prohibido suicidarse en primavera, que presenta un curioso 'sanatorio' para suicidas.

A la hora de valorar la obra de un escritor, es demasiado frecuente que la opinión de público y crítica vaya por caminos distintos. Generalmente, lo que gusta a los primeros, desagrada a los segundos, presuntamente más entendidos. Pero, por fortuna, lo que hace que un autor triunfe  es el público, no la crítica.

Los casos en que esto ha sucedido son numerosísimos: le sucedió a la obra de Jardiel Poncela, a la de Jacinto Benavente o a las creaciones de Carlos Arniches, por poner unos pocos ejemplos. Y todo ello en aras de un supuesto compromiso que se exige al escritor y que, en muchas ocasiones, se halla en las antípodas de la literatura.

Foto de Besullo

Una vista de Besullo, aldea natal de Casona

Otra de las víctimas de esta tendencia crítica fue Alejandro Casona (Besullo, Asturias, 1903-1965), al que se acusaba de crear un tipo de teatro 'escapista' y ajeno a la realidad, cuando lo cierto es que –a nuestro juicio- se trata de uno de los más importantes dramaturgos de la literatura contemporánea.

Lo que sucede es que en el teatro de Casona conviven, generalmente contrapuestas, la fantasía y la realidad. Por decirlo con sus propias palabras, que además constituyen su mejor defensa: "No soy escapista que cierra los ojos ante la realidad circundante. Lo que ocurre es, sencillamente, que yo no considero sólo como realidad la angustia, la desesperación y el sexo. Creo que el sueño es otra realidad tan real como la vigilia".


De esta suerte, los personajes de Casona se caracterizan por huir –mental o incluso físicamente- de la vida real para refugiarse en un mundo de ensoñaciones del cual, finalmente, regresan convencidos de que la verdadera felicidad se halla en la aceptación de ese mundo verdadero, por duro que sea.

En el caso de Prohibido suicidarse en primavera, estrenada en México en 1937, la vía de escape de los personajes es el suicidio. La obra nos presenta un 'sanatorio' donde, aparentemente, todo está encaminado a facilitar que los que allí llegan puedan suicidarse del modo más cómodo y bello.

Foto del Teatro Español

Teatro Español de Madrid, donde Casona estrenó La sirena varada

Pero el objetivo real de tal institución es el contrario: convencer a los internos de que esa no es la solución, de que el único camino para resolver los problemas que plantea la vida es afrontarlos erguido.

De este modo, el mensaje último del drama de Casona es que sólo la verdad, la aceptación de la realidad, otorga al ser humano la posibilidad de ser feliz. Esto no es teatro 'escapista', lo que ocurre es que se ocupa de problemas universales y atemporales del ser humano, no de cuestiones coyunturales de política o sociedad. Y, en este sentido, se trata de una dramaturgia mucho más 'comprometida' que la que defienden los teóricos que la critican.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Alejadro-casona.com.

Fotos: Besullo: Mabita en Wikimedia | Teatro Español: Andreas Praefcke en Wikimedia.