Misericordia, la caridad vista por Galdós

Todo buen novelista debe estar al tanto de las novedades de su oficio para adoptar las buenas y rechazar las que carecen de valor. Y quién mejor supo hacer esto fue Benito Pérez Galdós, cuya novela Misericordia nos presenta un alegato en favor de la caridad y la bondad humanas a través de su protagonista, Benina.

Una de las cualidades de todo buen novelista es estar al tanto de las corrientes narrativas de su época y saber tomar de ellas sus aspectos positivos. Pero también desechar los menos interesantes. Es decir, saber avanzar con su tiempo pero manteniendo su personal estilo.

Foto de un Episodio Nacional

Portada de uno de los Episodios Nacionales de Galdós

Y, si hay un autor que haya sabido hacerlo como nadie, éste es Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-1920), cuya producción novelística abarca todas las tendencias que se suceden en la segunda mitad del siglo XIX. Desde unas primeras obras inscritas en un estricto Realismo, pasando por una segunda fase en la que escribe narraciones influidas por el Naturalismo, hasta una etapa final en que vuelve los ojos hacia contenidos más espirituales.

Todo ello por no mencionar la ingente creación de los Episodios Nacionales, conjunto de cuarenta y seis novelas agrupadas en cinco series que se proponían narrar la historia de España desde la Guerra de la Independencia hasta la Restauración borbónica.

Por tanto, es Galdós el más importante novelista en castellano de todo el siglo XIX, con una trayectoria que –con los inevitables altibajos- abarca obras tan importantes como Doña Perfecta, Fortunata y Jacinta o Tristana.


Fue el canario persona de ideas progresistas y un tanto anticlericales –que no antirreligiosas- pero con una amplia sensibilidad hacia los desheredados de la fortuna. Ello, que se aprecia en toda su obra, se hace más evidente aún en su última fase literaria.

A ésta, que la crítica suele calificar como "etapa espiritualista" pertenece Misericordia, publicada en 1897 y cuyo tema primordial es la caridad y la falta de agradecimiento. Galdós se sentía enormemente atraído por lo que podríamos calificar de santos 'laicos', es decir, aquellas personas que –siendo o no religiosos- consagraban su vida a hacer el bien a los demás. Buenas muestras de ello son Nazarín y Benina, la protagonista de Misericordia.

Foto de La Latina

Barrio madrileño de La Latina, uno de los escenarios de la obra

Benina es la criada de doña Paca, mujer arruinada e incapaz de buscarse el sustento. Para paliar su pobreza y evitarle la humillación, la asistenta –a espaldas de su señora- pide limosna. Así conoce al ciego Almudena, otro ser bueno que es el único capaz de comprender la grandeza moral de Benina.

Repentinamente, doña Paca hereda un importante capital y se dispone a disfrutarlo. Pero, cuando se entera de que Benina ha estado pidiendo a sus espaldas, lejos de agradecérselo, la echa de casa. Más tarde, al enfermar sus hijos, la señora piensa que se trata de un castigo por su comportamiento y contacta con la pobre Benina, que la perdona.

Como vemos, en la obra se eleva por encima de los demás personajes la grandeza de la criada, que contrasta con la baja calidad humana de su señora y que constituye una perfecta muestra de la caridad bien entendida.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Cervantes virtual.

Fotos: Episodio Nacional: Ketamino en Wikimedia | Barrio de La Latina: Tnarik en Flickr.