Marina de Thomas S. Eliot, el llamado de la muerte

El poema 'Marina' de Thomas Stearns Eliot reflexiona sobre la trascendencia de la muerte como una continuación de la vida material, pero en la espiritual, es allí en la dimensión astral donde se abren escenarios ignotos, de una vastedad que desborda la imaginación humana y que solo se atisban mediante la videncia.

La muerte, muy presente en Marina

La muerte, muy presente en Marina

La poesía es lugar de propuestas sobre la trascendencia de la condición humana, en estas ocasiones aborda la metafísica, la espiritualidad, la naturaleza y diversas cosmovisiones religiosas. La presencia de la muerte en el mundo ha sido entendida como un orden natural, una ley de la vida ineludible que toca a humanos, animales y hasta a escenarios naturales como los bosques que pueden llegar a desertificarse. Thomas Stearns Eliot (1888-1965) tocó estos temas en su obra poética, el hizo que el yo poético sea una voz reflexiva, de una filosofía del movimiento de la mente por comprender el misterio de nuestra encarnación en el mundo físico.

Eliot osciló entre el cristianismo anglicano y católico, esto le permitió no renegar de la muerte, sino más bien conceptualizarla en poemas como 'Marina', donde el yo poético menciona imágenes de recuerdos de su vida y de su contemplación de la naturaleza, hay elementos como el zorzal y el perro que han estado antes allí, pero en el presente de la enunciación del poema han desaparecido. Por otro lado el yo también proyecta su tránsito hacia la muerte, en una forma de viaje por embarcación, donde su espíritu es un navío que recorrerá las aguas del más allá, su cuerpo astral metamorfoseado en las cuadernas del barco, sentirá la existencia de ese mundo que solo se puede aludir en vida por la aceptación del misterio.

Un acto continúo hacia el devenir de la muerte
La muerte es una carga que se ha hecho más fácil de llevar con la madurez del pensamiento humanitario, pues hay propuestas que quedan como legado para alimentar a un mundo más receptivo y calmo ante esta realidad ineludible. Este poema es metafísico, da vueltas sobre el ser de las cosas, que quizás no deben pensarse como consumidos por el final de su ciclo vital, sino transformados o conservados en esencia en nuestros recuerdos. Connotando el título del poema, el nombre Marina nos remite a la navegación, al viaje del espíritu en una vida donde acumula imágenes, percepciones y reflexiones, las que le servirán para afrontar su destino último, la muerte física pero no el acabar de su existencia, la que pasa al plano del espíritu.

En la proyección hacia el último futuro, antes de pasar a la eternidad donde no hay tiempo, el yo poético experimenta una suerte de videncia. Él configura un más allá aún inexplorado, más vasto que el mundo físico, lo ve como una continuación del viaje que representó la vida material, su última encarnación. El enunciador del poeta está enfrentando la muerte cercana, por eso llegan a su conciencia esas imágenes, a la muerte le da trascendencia por ser vida después de esta vida, él la sabe inevitable porque la ha aprendido en su entorno, en la muerte de seres conocidos, cuya ausencia era continuada por nuevos ciclos vitales de otros seres semejantes.

Este poema metafísico actualiza la trascendencia de la muerte por la aceptación de su curso ineludible es el mundo físico. Hay un tono de resignación ante el devenir, pero siempre en calma, la muerte cercana abrirá paso a los escenarios astrales, a los que solo accede el espíritu, y estos son motivo de la ficción en este poema de Eliot.

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Foto: muerte por Aaron Escobar + (the spaniard)TM en Flickr