Los Fantasmas de los que Penan en el Mar

Una variedad de seres de ultratumba desgraciados que recorren como almas en pena las playas, se encuentran cerca al mar, el viento forma remolinos de niebla y las apariciones surgen de aquí y de alla.

Todos conocemos un lugar embrujado. Ese lugar enigmático que compendia todas nuestras peores pesadillas. Si vivimos por una zona residencial en la que hay casonas olvidadas por el tiempo, de seguro alguna vez los escalofríos y la angustia deben haber recorrido nuestro cuerpo y mente. En mi caso particular de niño vivía en un distrito frente al océano conocido como Magdalena del Mar. Las noches de neblina (así llamamos en mi ciudad a la niebla que cubre a la ciudad en las noches de invierno) eran mágicas y tenebrosas. Cuando podía solía ir con mi hermano al acantilado para observar el silente mar y, con suerte, encontrar a la señora que vendía caramelos en el parque que adornaba el acantilado. Este parque se caracterizaba por tener una pequeña gruta dedicada a la Virgen María. El motivo de mi interés por encontrarme con la señora vendedora de caramelos no era para comer dulces, al contrario, lo que me animaba eran las historias que solía contar sobre los fantasmas del acantilado. Y es que mi acantilado de la infancia tenía una terrible leyenda. Se trataba del paraíso de los suicidas. Todos los desesperados (especialmente los desesperados por amor) visitaban el acantilado para despedirse de la vida. Confieso que muchas veces esperé cruzarme con un suicida al momento de tirarse al mar, pero afortunadamente eso nunca sucedió. Me hubiera traumatizado ya que era solo un niño. Como todo lugar marcado por la muerte mi paraíso infantil frente al mar, tenía su colonia de aparecidos. Todos esos seres de ultratumba desgraciados que recorrían como almas en pena la playa y las bancas del parque. Un lugar terrorífico y, sin embargo, romántico. No se puede negar que morir por amor tiene su encanto y los suicidas enamorados eran mayoría en el acantilado de Magdalena del Mar. Casi se diría que eran los principales turistas de mi distrito.

Las historias que la señora vendedora de caramelos solía contar eran espeluznantes. Sin embargo, al recordarla, reparo siempre en su sonrisa de alegría al contarnos las historias. La comprendo ahora. En las noches solitarias del distrito balneario de Magdalena tener a dos niños cautivos de historias de terror es algo impagable. Todos sabemos que los mejores receptores de historias son los niños. Ellos creen todo lo que les contamos (si lo hacemos con esmero y coherencia), así que tener un público incondicional para contarle historias en las noches frías de invierno es un regalo de Dios.

La fantasmogenesis ha intentado abordar el fenómeno fantasmagórico desde un punto de vista científico. Claro que científico marginal, ya que estudiar estos temas no es serio para la ciencia “seria” y oficial. Hay varios casos de sociedades psíquicas que han intentado acercarse a una explicación “real” de los fantasmas. La mayoría de las primeras explicaciones que se dieron al fenómeno aludieron a su naturaleza telepática. Edmund Gurney, famoso psíquico británico, fue el primero en vincular la telepatía con la aparición de los fantasmas. Según la explicación esbozada por este intelectual de los fenómenos paranormales los fantasmas serían mensajes decodificados por nuestra mente. Mensajes emitidos por seres de otra realidad paralela. Algo similar propuso otra psíquico famoso, Frederick Mayers, quien fue más allá al afirmar la existencia de estos fantasmas en una dimensión desconocida. El quinto plano de la realidad que los hombres no podemos distinguir.

Es interesante señalar, y aquí debemos citar a la famosa Wikipedia, que la palabra fantasmas viene del griego φάντασμα que significa aparición. Con esto podemos sacar que los fantasmas nos acompañan desde tiempos remotos. Sin embargo, el fenómeno de la fantasmagoría no siempre ha sido macabro. En las culturas precolombinas era usual recibir a los familiares muertos en la mesa para comer. Los incas separaban un plato de comida para los muertos de la Panaca (linaje en el mundo quechua) y acercaban a las momias a la mesa. Era algo natural para ellos, imaginemos una cena de navidad moderna con los platos de un familiar muerto puestos en la mesa y, pero aún, la momia de nuestro familiar a nuestro lado mientras brindamos por la noche buena. Claro ese caso no es precisamente acerca de un fantasma. Se trata de lo contrario, un muerto viviente, pero quizás sea una especie de prehistoria de los fantasmas ya que algunas culturas no diferenciaban a los vivos de los muertos. Se puede citar el caso, también, de los indígenas americanos que pensaban sus antepasados reencarnaban en animales. Así cuando veía a una águila volar en las alturas, podía pensar que se trataba del abuelo en su paseo matutino del más allá.

Volviendo al tema de los fantasmas que penan en el mar. La señora de los caramelos nos solía contar como por las noches (generalmente en la hora 0) observaba como el viento formaba remolinos en la niebla y se escuchaban lastimeros quejidos de almas en pena. La señora obviamente se refugiaba en una esquina junto al cuidador de autos del parque mientras se persignaban esperando pasara el momento de pavor. La creencia popular de mi distrito afirma que los silbidos nocturnos y el viento marino que recorre las casas es otra manifestación de las almas en pena. Aquellos hombres desgraciados que luego de una muerte trágica recorren el acantilado en busca de redención. Un acto imposible ya que todos los suicidas se merecen sin duda el infierno.

Por ello, si usted querido lector, quiere encontrar fantasmas; trate de visitar el puerto o balneario más cercano. La noche suele ser propicia para un encuentro sobrenatural a la orilla del mar. En mi caso, esas experiencias narradas en el acantilado me sirvieron para formar la Logia del Strombo, una entidad que aborda lo paranormal con el rigor de la razón y que espero presentarla con más detalle en los siguientes artículos.

Los fantasmas y aparecidos acompañan a la humanidad desde el inicio de la historia. Una noche en los acantilados es una oportunidad precisa para encontrar a las almas en pena de los suicidas.