Los condenados, de Galdós, un drama de conciencia

Los escritores no suelen llevar bien el fracaso pero todos han tenido alguno. Uno de los de Galdós fue el drama Los condenados, obra simbólica que trata sobre la recuperación de la conciencia personal. Quizá era una dramaturgia demasiado avanzada para su tiempo, acostumbrado al posromanticismo.

Los escritores no asumen bien el fracaso y ello no es reprochable. Cuando se vuelcan horas y esfuerzo en una creación y no se alcanza el reconocimiento de crítica y público, es lógico que se reaccione así. Pero forma parte de su labor y todos cuentan con alguno en sus carreras. Ni siquiera Cervantes o Shakespeare se libraron de ellos.

Por otra parte, el obtener éxito en un determinado género literario no significa que también deba lograrse en otro. Cada uno tiene su especial idiosincrasia y no pueden dominarse todos. Seguramente por ello, Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-1920), tan admirado por su obra narrativa, jamás consiguió triunfar en la dramaturgia.

Foto de una placa conmemorativa a Galdos

Placa conmemorativa situada en la casa en que vivió Galdós en Madrid

Bien es cierto que en ello influyeron las disputas políticas e ideológicas de su época pero igualmente lo es que el canario, portentoso para la novela, carecía de las mismas cualidades para el teatro.

Efectivamente, su narrativa recorre todas las corrientes que se suceden durante la segunda mitad del siglo XIX y nos ha legado obras extraordinarias como Doña Perfecta, Fortunata y Jacinta o Misericordia. Pero sus dramas no alcanzaron nunca la talla de estas obras maestras, aunque ello no significa que carezcan de valor.


Probablemente, el mayor problema de la dramaturgia galdosiana sea que era demasiado avanzada para su tiempo. Se trata de un teatro simbólico que casa mal con el grandilocuente y posromántico al estilo de Echegaray que triunfaba en aquella época en la escena española.

Por todos estos motivos y algunos otros –como el mal trabajo realizado por la actriz protagonista-, el estreno de Los condenados en el Teatro de la Comedia el once de diciembre de 1894 constituyó un rotundo fracaso. Tal fue éste que el autor, ofendido, publicó una justificación a la obra que nos permite interpretar su sentido de primera mano, al margen de las elucubraciones –muchas veces absurdas- de los críticos.

Foto de Las Palmas de Gran Canaria

Una vista de Las Palmas de Gran Canaria, donde nació Galdós

Los condenados cuenta los amores entre el bandido José León y Salomé, que cuentan con el rechazo del pueblo pero también con el beneplácito de Santiago Paternoy, novio ofendido de la muchacha que comprende sus sentimientos. Pero, ante un agravio por parte del forajido, Salomé lo pone en manos de la Justicia.

Como señala el propio Galdós, su pretensión era despertar las conciencias de los espectadores, un tanto adormecidas por el ideario positivista en boga, de tal suerte que afrontaran la verdad de sus vidas, asumiendo sus errores para así lograr una regeneración que los hiciese más humanos.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Placa conmemorativa: Museo8bits en Wikimedia | Las Palmas: Jhderojas en Flickr

Fuente: UCM