Lord Jim, de Joseph Conrad, una conciencia atormentada

En la literatura universal, ha habido dos grandes novelistas que han escrito relatos marineros: Herman Melville y Joseph Conrad. Éste último es, además, el primer novelista inglés del siglo XX, a pesar de haber nacido en Polonia. En Lord Jim, nos presenta a un marino atormentado por su conciencia al no haber cumplido con su responsabilidad durante un naufragio.

En la literatura universal ha habido dos grandes novelistas que se ocuparon de la vida en el mar, reflejando las aventuras, inquietudes y peligros de los navegantes. Son Herman Melville, autor de la inolvidable Moby Dick, y Joseph Conrad. Ambos sabían muy bien de lo que hablaban, ya que fueron marinos antes de dedicarse a la literatura.

Foto de Conrad

Joseph Conrad

Por otra parte, no deja de resultar curioso que el primer gran novelista en lengua inglesa del siglo XX no haya nacido en las islas británicas –ni siquiera en Norteamérica- sino en Polonia y que aprendiese el idioma de mayor. Y más singular aún, que nunca lo hablase bien, aunque lo escribía maravillosamente.

Este es el caso de Joseph Korzeniowski (Berdyczow, 1857-1924), más conocido por la forma inglesa de su apellido -Conrad-, marinero durante años y, después, autor de apasionantes relatos marinos que no se limitan a la mera narración de aventuras sino que indagan en la condición humana.

Poco optimista respecto al hombre y a los motivos que impulsan sus actos, las novelas de Conrad se caracterizan por situar a sus héroes en situaciones que ponen a prueba sus convicciones y códigos éticos, obligándolos a analizarse a sí mismos para descubrir su verdadera personalidad y también lo que subyace bajo la capa superficial de la civilización.


Todo ello se hace evidente en su obra más popular y lograda, El corazón de las tinieblas, denuncia de la brutal colonización llevada a cabo por el Rey Leopoldo de Bélgica en tierras del Congo y que el novelista conocía muy bien, pues estuvo allí durante un tiempo capitaneando un barco de vapor.

Otra buena muestra de las inquietudes de Conrad es Lord Jim, publicada en 1900 y que profundiza aún más en el estudio de las convicciones éticas del hombre y el efecto sobre la conciencia que produce su incumplimiento, aunque sea justificado.

El capitán Marlow, alter ego del autor que aparece en muchas de sus narraciones, cuenta a sus amigos la historia de Jim. Marino en el vapor Patna, cuando éste naufraga, abandona junto al resto de la tripulación a los pasajeros para salvarse. Aunque éstos son finalmente rescatados, el protagonista es acusado y su licencia revocada.

Foto del despacho del escritor

El despacho del escritor

Pero a Jim nada de eso le importa. Lo que realmente castiga su conciencia es el acto cometido. Hombre responsable y de honor, no puede asumir haber abandonado a su suerte a los pasajeros. Por ello, no desea volver al mar. Marlow logra convencerlo y Jim se embarca hacia Malasia, donde es adoptado por los nativos. Pero, aunque los defiende con valentía y coraje ante el ataque de unos piratas, allí hallará el castigo que su atormentada conciencia buscaba desde tiempo atrás.

Se trata, sin duda de una obra excepcional, que nos muestra claramente cual es el verdadero castigo para los hombres buenos por los errores cometidos: su propia conciencia.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Joseph Conrad: Mathiasrex en Wikimedia | Despacho: Ben Sutherland en Flickr