Leyendo a Silva, de Guillermo Valencia, un homenaje al maestro

La lírica del Modernismo no hubiera sido posible sin unos precursores. Uno de los más destacados fue José Asunción Silva, cuyo principal discípulo -más que de Rubén Darío- fue el colombiano Guillermo Valencia, creador de una lírica más íntima y serena que la habitual en el movimiento. En Leyendo a Silva, realiza un homenaje al maestro.

El Modernismo es, probablemente, la revolución más importante que se ha llevado a cabo en la poesía hispanoamericana en los últimos doscientos años. Su gran valedor fue el genial Rubén Darío y con él se tiende a identificarlo. Pero, aunque el nicaragüense poseía un talento sin par, su lírica no habría sido posible –como, por otra parte, sucede con todos los poetas en cualquier tiempo y lugar- si no hubieran existido una serie de precursores que le allanaron el camino.

Foto de Valencia

Guillermo Valencia

Uno de los más importantes, entre éstos fue el colombiano José Asunción Silva, considerado el mayor de los poetas hispanoamericanos anteriores a Darío y maestro de muchos modernistas posteriores.

Entre éstos se encuentra el también colombiano Guillermo Valencia (Popayán, 1873-1943), activísimo intelectual, colaborador en diversas revistas literarias y diputado aspirante a la Presidencia de su país por dos veces. Entre medias, había trabado amistad con Rubén Darío cuando ambos se encontraban en Francia.

También allí entro en contacto con los poetas parnasianos y simbolistas –Mallarme, Verlaine, Gautier o Leconte de Lisle-, cuyo magisterio tanta influencia tendría en la génesis del Modernismo. Todo ello lo asimilaría en su obra.


Pero, como decíamos, la poesía de Valencia se aproxima más a la de Silva que a la del nicaragüense. De sólida cultura clásica, sus composiciones no presentan tantas galas y oropeles como las de Darío. Se trata de un modernismo más mesurado, presidido por la intimidad, los delicados cromatismos, la metáfora suave y un ansia de refinamiento y una exigencia estética por encima de lo normal –ello ha provocado que no sean muchos sus poemas conservados-.

Leyendo a Silva es, precisamente, un homenaje a su compatriota y maestro. Bajo la ficción de una dama que lee un poema de éste, Valencia va describiendo -a través de las sensaciones que la joven experimenta- las cualidades de la lírica de Silva. Una languidez melancólica invade toda la composición y la perfección formal, casi impecable, contribuye a acentuar el tono suave del poema.

Foto de Popayán

Una vista de Popayán, donde nació Guillermo Valencia

Podría decirse que, si Rubén Darío llevó el Modernismo a su máxima expresión de calidad y belleza, fue Guillermo Valencia quién le confirió solidez clásica y moderación en sus tonos. Un lenguaje culto y hermosísimo preside toda su obra que, sin embargo, resulta de fácil comprensión. Si la exigencia estética del nicaragüense es enorme, la del colombiano es aun mayor,  diríase que casi obsesiva.

Podéis leer el poema aquí.

Fotos: Guillermo Valencia: Cultura Banco de la República en Flickr | Popayán: Inyucho en Flickr