'La importancia de llamarse Ernesto', de Oscar Wilde

Oscar Wilde fue, probablemente, un incomprendido en su tiempo. Bien es cierto que le gustaba provocar a la pacata sociedad victoriana, pero eso no es motivo suficiente para que ésta se ensañase del modo que lo hizo con él.
Cuestiones sociales aparte, Wilde es un extraordinario escritor. Autor de relatos, poesía y teatro, "La importancia de llamarse Ernesto" es una comedia humorística de enredo cuya lectura resulta muy fácil y una delicia.

El periodo de la historia de Inglaterra conocido como época victoriana -por corresponder a la etapa en que rigió los destinos del país la Reina Victoria– ha quedado para la posteridad caracterizado por su puritanismo. Pero, a pesar de ello –o, quizá, precisamente por ello– también vivieron en esos años algunas personalidades, generalmente aristócratas o artistas cuyo rasgo principal es el esnobismo, el dandysmo o la pura rebelión contra la sociedad.

Es en este contexto donde debemos situar a una de los más excepcionales escritores del periodo: Oscar Wilde, genial autor y excéntrico ciudadano, que fue demonizado y condenado por aquella colectividad.

Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde (Dublín, Irlanda, 1854–1900) pertenecía a una acomodada familia irlandesa –su madre era una conocida nacionalista– y fue educado en los mejores colegios, incluido el “Magdalen Collage”, de Oxford, donde se graduó como “Bachelor of Arts”. Tras una breve etapa en que retornó a Dublín y se enamoró de Florence Malcome, a la sazón novia de Bram Stoker, autor del famosísimo 'Drácula', se instaló en Londres. Allí contrajo matrimonio con Constance Lloyd, hija de un consejero de la Reina, con la que tendría dos hijos y disfrutaría de una alta posición social.

Todo parecía sonreirle a Wilde hasta que, en 1895, se vió inmerso en un turbio asunto. El escritor mantenía una amistad íntima con Lord Alfred Douglas, cuyo padre acusó formalmente a nuestro hombre de sodomía. Ello provocó un proceso judicial que escandalizó a la pacata sociedad inglesa y el seguimiento que de él hizo la prensa ruborizaría a cualquier programa rosa de la actualidad, que ya es decir. Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados y su reputación arruinada.

No sólo su prestigio fue aniquilado por esa circunstancia. El poeta salió de prisión hundido espiritual y materialmente. Desengañado de su país, vivió el resto de sus días en Francia, bajo nombre falso y se convirtió al catolicismo. Murió en 1900, entre la indiferencia de sus compatriotas.

Era Wilde hombre amigo de impactar en los demás. Su comportamiento excéntrico y poco viril creó escuela y sus frases ingeniosas han pasado a la posteridad. Artísticamente, participaba de las corrientes estetizantes del periodo, que defendían el ideal del “arte por el arte”, en una linea decadentista en la que se inscribían también, entre otros William Morris y el poeta Dante Gabriel Rossetti. Sus ideas al respecto se sintetizan muy bien en la frase “todo arte es más bien inútil”, escrita por Wilde en 'El retrato de Dorian Grey', una de sus novelas más conocidas y, a nuestro juicio, la mejor que escribió.

Además de teatro, nuestro hombre escribió relatos, como la novela citada, 'El fantasma de Canterville', 'El crimen de Lord Arthur', 'Teleny o el reverso de la medalla'; y poesía, entre la que destacan 'Ravenna' –poema juvenil por el que recibió el “Oxford Newdigate Prize”- , 'La esfinge' o 'Balada de la cárcel de Reading'. Como dramaturgo, aparte la obra que nos ocupa, legó 'El abanico de Lady Windermere', 'Salomé', 'Vera o los nihilistas', 'Un marido ideal' y 'Una mujer sin importancia', entre otras obras.

'La importancia de llamarse Ernesto' fue estrenada en pleno escándalo sexual del autor, que pasó, en tres meses, del escenario a la cárcel. Se trata de una comedia -ya en el título juega con las palabras “Ernest” y “earnest” (“serio, formal”)-, en la que se burla de la frivolidad de la sociedad victoriana.

El argumento es un auténtico “vaudeville”, por lo que merece ser explicado con cierto detenimiento. El joven aristócrata londinense Algernon finge, para escaparse de la ciudad y disfrutar de sus correrías, tener un amigo en el campo llamado Bunbury, que con frecuencia está enfermo y al que debe visitar. El mejor amigo del aristócrata es, en realidad, Ernest Worthing y sí vive en el campo, pero goza de excelente salud y realiza frecuentes visitas a Londres. Un día, Ernest olvida su pitillera en casa de Algernon y éste descubre que no se llama como dice, sino Jack. Esta circunstancia obliga a Ernest–Jack a contar la verdad: su verdadero nombre es Jack y vive, en efecto, en el campo como serio tutor de una sobrina llamada Cecily, pero finge tener un hermano que vive en Londres y se llama Ernest, para adoptar su personalidad cuando visita la capital con objeto de disfrutar de sus francachelas.

Jack desea casarse con Gwendolen, prima de Algernon, pero ésta sólo lo quiere porque se llama Ernest, ya que opina que es el nombre más bonito del mundo. Además, la madre de ésta, Lady Bracknell queda espantada al descubrir que Jack fue un bebé adoptado tras aparecer en una bolsa en la estación del ferrocarril. La sátira social no puede ser más evidente: el clasismo de la madre y la estupidez de la hija.

Mientras tanto, Algernon se presenta en el campo, en casa de Jack, haciéndose pasar por Ernest, para conocer a Cecily, quién cae locamente enamorada de él. Al mismo tiempo, Jack anuncia a la institutriz de Cecily, Miss Prism, la muerte de su hermano Ernest, con lo que ambos “hermanos” se encuentran cuando uno guarda luto por el otro.

Para enredar aún más el asunto, Gwendolen llega a casa de Jack acompañada de su madre. Ésta se opone al matrimonio de su hija con él y, como venganza, Jack tampoco consiente la boda entre Algernon y Cecily.

Al más puro estilo de la comedia de enredo, cuando más complicadas están las cosas, se producen una serie de casualidades oportunas, en este caso por mediación de Miss Prism. Pero no vamos a destripar el final al lector.

Resulta así, de un argumento muy sencillo -como toda la obra- una comedia de enredo excelente, de fácil lectura, que recomendamos al lector para pasar un rato divertido leyendo buena literatura.

Lectura de la obra | 'La importancia de llamarse Ernesto'