'Fuerte como la muerte', de Guy de Maupassant

Es habitual que quienes hayan leído 'Fuerte como la muerte' (1889) comparen irremediablemente la novela de Guy de Maupassant con 'El retrato de Dorian Gray', del maestro Oscar Wilde. Poco hay del fantasioso e inquietante mito de Fausto en la obra del francés, pero lo cierto es que ambas indagan con la misma intensidad en el alma del ser humano y su lucha contra el paso del tiempo. El protagonista de 'Fuerte como la muerte', Olivier Bertin, es pintor, algo que sí le relaciona con Dorian Gray, por lo menos en el sentido de que ambos utilizan el lienzo para embalsamar el tiempo, aunque con distintos matices. Sea como fuere, esta novela, la penúltima del escritor de 'Bola de Sebo' y 'Bel Ami', supone un profundo estudio sobre el declive del cuerpo y el espíritu humano, y los últimos y desesperados intentos de asirse a la juventud.

fuerte como la muerte

Portada del libro.

Olivier es un pintor que mantuvo un romance continuado con Anne de Guilleroy, una elegante y bella mujer casada con un diputado. Ambos se aman con insistencia, pero el paso de los años hace que la relación sea vista de manera diferente por ambos. Poco queda de la pasión inicial en Olivier, quien, sin embargo, mantiene el afecto amoroso hacia Anne intacto. No obstante, ella ha visto cómo su sentimiento de dependencia crecía a medida que transcurría el tiempo. Pero, para la mujer antes que para el hombre, el doloroso declive del cuerpo le sobreviene con insistencia.

Olivier, por su parte, también siente que llega el final, la muerte, por lo que decide aferrarse al último halo de juventud que queda a su alrededor. Como Dorian Gray, Olivier Bertin queda prendado de un cuadro. En él, la imagen de la bella y joven amante de la que se enamoró un día, Anne, que reaparece ante sus ojos como lo que un día fue... solo que no se trata realmente de Anne, sino de Annette, la hija de ésta. De este modo, Olivier establece una especie de relación de trasfondo vampírico con Annette de Guilleroy, la jovencísima hija de su amante, imagen y semejanza de la madre en sus mejores tiempos.

Así nos cuenta Guy de Maupassant los últimos días de un hombre que en su momento fue un joven artista de vanguardia, ahora considerado anticuado por sus coetáneos y añorando tener, en su vejez, la familia que nunca deseó en la plenitud de sus días. Sin embargo, y aunque el declive del cuerpo sea irremediable, el autor galo nos demuestra que las pasiones y el amor no siguen el mismo camino. Así, y sin desvelar el final que le espera a Olivier, podemos decir que gracias a su perturbadora (aunque platónica) atracción por la hija de su amante, el pintor sigue tan vivo como el día en que vino al mundo.

Fuente: Chez Tom Tom