El reloj, de Pío Baroja, expresión lírica de su hastío vital

Dentro de la Generación del 98, es muy conocida su preocupación por España. Pero lo es menos su vertiente más íntima, en la que sus componentes muestran sus preocupaciones existenciales y sus inquietudes líricas. Esta faceta se halla presente en todos ellos y, en el caso de Pío Baroja, donde mejor se aprecia es en sus cuentos, dotados de un hermosos lirismo poético. Un buen ejemplo de ello es El reloj, sobre un personaje que, tras lograr la paz en soledad, no puede vivir sin comunicarse.

Es muy conocida la faceta regeneracionista y de preocupación por España de la Generación del 98. Su denuncia del estado de atraso del país y su petición de soluciones. Pero es menos popular el aspecto más íntimo de su obra, aquél en que cada uno muestra sus preocupaciones acerca de la existencia y su visión de la vida o, simplemente, da rienda suelta a sus inquietudes líricas.

Foto de Baroja

Pío Baroja y Nessi

Éste se halla, por ejemplo, en la obra de Unamuno en sus ensayos y poemas, en la de Azorín en sus novelas o en la de Baroja en sus relatos en general. Y, en el caso de éste último, se aprecia una peculiaridad: el escaso lirismo que encontramos en las obras extensas cobra gran importancia en las breves.

Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872-1956) es, probablemente, el mejor novelista de la generación. Con su estilo desgarbado de frases breves y pinceladas impresionistas, crea todo un universo narrativo constituido por trilogías que muestran su escasa esperanza ante la naturaleza humana y su amargura vital.

Son obras de extraordinaria riqueza, ya que en ellas cabe todo. Desde la denuncia ante la situación española hasta la evidencia de su frustración vital, nacida de un innato pesimismo pero también de lecturas filosóficas –especialmente Nietzsche y Schopenhauer- y, sobre todo, de la contemplación de su entorno. El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla, que constituyen la trilogía La raza son buena muestra de ello.


Sin embargo, cuenta también Baroja con obras más ligeras que se aproximan al relato de aventuras y que narran la vida de un héroe y sus andanzas. En ellas, el vasco da rienda suelta a su añoranza de acción, un rasgo de su personalidad poco estudiado y que contrasta con la vida sedentaria que siempre llevó. Zalacaín el aventurero es el mejor ejemplo.

Pero donde Baroja se distancia por completo del prosaísmo de sus obras mayores es en sus cuentos. En ellos, el lirismo cobra enorme importancia. Da la impresión de que el escritor tomaba estos escritos como intermedios lúdicos entre sus novelas y los aprovechaba para experimentar su capacidad poética.

Foto de San Sebastián

Panorámica de San Sebastián, ciudad natal de Baroja

Buena muestra de ello es el titulado El reloj, que narra en forma simbólica la situación de un hombre hastiado del mundo y de sus congéneres que logra aislarse de todo y, con ello, cree haber hallado la felicidad. Pero pronto el silencio ambiental le aterra y pide a los mismos astros que se comuniquen con él.

Escrito de forma magistral y con una bellísima prosa, es como si Baroja nos hiciera tratar de comprender que el mundo es horrible pero peor es vivir al margen de él y del resto de los hombres.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Guipuzcoa Cultura.

Fotos: Pío Baroja: Claudio Elías en Wikimedia | San Sebastián: Mike el Madrileño en Flickr.