El proceso, de Kafka, cuando la literatura fue al psicoanalista

Algunos novelistas son una fuente inagotable para los psicoanalistas, ya que su obra presenta tantos recovecos y pluralidad de significados que puede interpretarse de multitud de formas. Sin duda, el principal de ellos es Franz Kafka, autor de relatos simbólicos, incluso parabólicos, de compleja interpretación y de los cuales es buen ejemplo El proceso.

Algunos escritores resultan una verdadera mina de oro para la Psiquiatría. El contenido de su obra es de tal complejidad y variedad de sentidos que de ella puede extraerse un enorme número de interpretaciones distintas y, a veces, incluso contradictorias. Suelen ser autores de lectura no fácil y que logran inquietarnos.

Foto de un monumento a Kafka

Monumento a Franz Kafka en Praga

Los primeros años del siglo XX fueron una etapa importante en este sentido. En ellos, nos encontramos con los relatos de Henry James, el Ulises de Joyce o el Surrealismo de André Breton, por poner solamente algunos ejemplos. Pero quizá el autor que más cantidad de páginas ha aportado al psicoanálisis sea Kafka.

Franz Kafka (Praga, 1883-1924) es, en efecto, creador de una narrativa parabólica, cargada de simbolismo, que ha ejercido una enorme influencia en la literatura posterior. Su gris vida de empleado administrativo contrasta con la riqueza de significados de su obra.

De hecho, es como si la hubiera escrito para analizarse a sí mismo en la intimidad, ya que gran parte de ella no hubiera sido nunca publicada de no ser por su amigo Max Brod, quién contradijo la orden de destruirla a su muerte que le había dado.


La narrativa de Kafka se caracteriza fundamentalmente por mostrarnos un mundo absurdo, dominado por una serie de poderes abstractos que el hombre nunca llega a conocer realmente pero que aniquilan su personalidad. La Justicia, los gobiernos, el dinero o el contraste entre apariencia y realidad son puestos así en tela de juicio por el novelista checo. Pero no tanto por el poder que ostentan como por el absurdo del mismo.

Hasta tal punto esto es así que hoy día utilizamos el adejtivo 'kafkiano' para referirnos a una situación que no tiene sentido ni explicación, que nos resulta absolutamente absurda o contraria a la lógica.

Foto de Praga

Praga, la ciudad natal de Franz Kafka

Buena muestra de todo ello es una de sus grandes novelas, El proceso, publicada póstumamente en 1925. Su protagonista, Joseph K, despierta un día custodiado por dos guardianes. Ha sido detenido por un delito que desconoce. Llevado ante el juez, éste le comunica que va a ser procesado. Un tío suyo le proporciona un abogado cuyo único interés es cobrar su minuta. Así, se va desarrollando todo el proceso sin que el protagonista sepa nunca de qué se le acusa.

Se trata, como decíamos, de una obra rica en significados. La opresión del hombre ante la sociedad y sus normas, el absurdo de la existencia humana o la falta de solidaridad pueden ser algunas de ellas. Pero, a nuestro juicio, la interpretación más evidente del relato es que se trata de una demoledora sátira de la justicia humana, un ente abstracto que funciona regido por el absurdo y la impersonalidad.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Elortiba.

Fotos: Monumento a Kafka: Shadowgate en Flickr | Praga: Gaspa en Flickr