El pícaro y la novela picaresca

Una de las creaciones más genuinas de la literatura española es la novela picaresca y, especialmente, su protagonista el pícaro, verdadero núcleo y esencia de la misma. Es fruto de la peculiar idiosincrasia de la sociedad de la época y los distintos personajes que encarnan esta figura tienen unos rasgos comunes. Aquí los explicamos.

La novela picaresca es una creación genuina de la literatura en lengua española. Sus orígenes se remontan al inigualable 'Lazarillo de Tormes', publicada, por vez primera en Burgos en 1554. Pero, a su imagen y semejanza, estos personajes pueblan las páginas de las obras de los Siglos de Oro con, entre otros muchos, el 'Buscón don Pablos' de Francisco de Quevedo o el 'Guzmán de Alfarache' de Mateo Alemán.

Aunque se constituyó en un género narrativo, el verdadero núcleo y sentido de estas obras es la figura del pícaro, una suerte de anti-héroe que despierta en el lector una extraña combinación de desprecio y ternura y que es fruto indudable de la peculiar idiosincrasia de la sociedad española de la época. A fuerza de tan repetido y al margen de sesudas interpretaciones filosóficas, podemos realizar una caracterización del personaje.

Foto de una representación de 'El Lazarillo de Tormes'

Lázaro de Tormes en una versión dramática de la novela

Así, en primer lugar, el pícaro es de extracción social paupérrima. Su ascendencia se nos presenta siempre como vil y ello no es asunto menor, ya que servirá para explicar su conducta posterior. Es una suerte de estigma determinista que condicionará su vida. Y, en relación con ello, se encuentra su deseo irreprimible de ascenso social, para cuyo logro no reparará en medios ni honrados ni deshonestos.

También puede vincularse a lo anterior su peculiar concepto del honor o, mejor dicho, su absoluta carencia de él. No debemos entender esta palabra del mismo modo que se utiliza ahora. En el siglo XVI español, el honor no era más que un conjunto de ridículas convenciones sociales que, generalmente, ocultaban carencias cuando no profundos vicios. De este tipo de honra es del que carece absolutamente el pícaro y, en este sentido, es una encarnación de la independencia y la libertad.

Porque la novela picaresca es, en cierta forma, una sátira de la sociedad de su tiempo y ello nos lleva a otro rasgo del pícaro: el encuentro con un mundo hostil al que se adapta progresivamente. Podría decirse que estos personajes aprenden a golpes, es decir, si en un principio se muestran como muchachos inocentes, a medida que las obras avanzan y a base de recibir palizas, los pícaros van concienciándose de que su única vía para sobrevivir y medrar en la sociedad es la trampa y el engaño. Su peripecia es una suerte de aprendizaje que los convierte en expertos en las malas artes.

Estos son, entre otros, los rasgos identificadores del pícaro. Con el tiempo, irá apareciendo otra figura apasionante que guarda concomitancias aunque también profundas diferencias con él: la pícara, pero eso es materia para otro artículo.

Fuente: Buenas tareas.

Foto: Gpoo.