Antología lírica de Gabriele D’Annunzio, decadentismo a la italiana

Así como hay poetas que gustan de encastillarse en su ‘torre de marfil’, otros compaginan su creación con la aventura y la actividad política. Éste es el caso de Gabriele D’Annunzio, uno de los más grandes poetas italianos. Adscrito a la corriente decadentista, su lírica se caracteriza por la suntuosidad y la belleza externa y por un tono lánguido. La musicalidad, la sensualidad e incluso el erotismo son rasgos relevantes igualmente de la misma.

Pescara, ciudad natal del autor

Pescara, ciudad natal del autor

Hay poetas que se encierran en sí mismos, viven en una especie de vida interior. Concentrados en su creación lírica, todo lo del mundo les es ajeno –si es que ello es posible- o, al menos, lo ignoran. Es lo que un crítico denominó, en afortunada expresión ‘encastillarse en su torre de marfil’ y se trata de una nueva versión del trance creador romántico. De ello se ha acusado a grandes poetas como Juan Ramón Jiménez.

Pero también existe la versión opuesta. La de aquellos líricos que compaginan la creación con una actividad política y aventurera quizá excesiva. Es proverbial el ejemplo de Lord Byron, muerto cuando luchaba por la independencia de Grecia, o, en las letras castellanas, el de Espronceda, tan parecido a aquél por tantos motivos. Pero no son los únicos.

Otro poeta que se inscribe en esta línea es el italiano Gaetano Rapageneta, más conocido como Gabriele D’Annunzio (Pescara, 1863-1938). Por poner un ejemplo de sus actividades, hablaremos de cuando, tras la Primera Guerra Mundial, la Conferencia de París declaró la cesión a Yugoslavia de la irredenta ciudad italiana de Fiume (hoy Rijeka, en Croacia). El poeta, liderando a los nacionalistas italianos, se apoderó de la ciudad expulsando a las tropas aliadas que la controlaban y exigió la restitución de la misma a Italia. Ante la negativa, declaró el Estado libre de Fiume. En buena lógica, la intentona acabó mal, pero nos brinda una idea de las actividades belicosas del poeta.

Al margen de éstas, D’Annunzio fue un lírico excepcional. Inscrito en la corriente decadentista, presenta una abundante obra, tanto en cantidad como en calidad. Su poesía gusta de los oropeles y la suntuosidad y muestra ese tono lánguido tan frecuente entre los autores de esta tendencia.

Aunque escribió teatro, algunas novelas nada desdeñables –‘El placer’, ‘El inocente’ o ‘Las vírgenes de las rocas’- e incluso un guión cinematográfico –el de la película ‘Cabiria’-, lo más relevante de su creación es su lírica. Ésta muestra tonos sensuales, muchas veces eróticos, rasgo también habitual en el Decadentismo, y una extraordinaria belleza externa, además de una musicalidad visible. Y, como decíamos, esa languidez tan propia de la corriente, fruto de una especie de hastío vital provocado por el desarraigo del mundo moderno y la admiración por tiempos pasados.

Su creación –de enorme calidad- ejerció gran influencia en varias generaciones de escritores hasta que su fama se vio empañada por sus simpatías hacia el Fascismo de Mussolini.

Podéis leer sus poemas aquí

Foto: Pescara por francoventoso (www.websignature.it) en Flickr