Las enseñanzas de Maktub

Seguramente Paulo Coelho es uno de los escritores más famosos de nuestros tiempos. Sus obras se han publicado en más de 150 países y has sido traducidas a 62 idiomas. Su página web es un reflejo de éxito internacional, ya que, además de poderse traducir instantáneamente a 16 idiomas distintos, el usuario puede enviar mensajes al autor y formar parte de su club oficial de fans.

Maktub Maktub “no es un libro de consejos, sino un intercambio de experiencias”. Añade también: “se compone en gran parte de las enseñanzas de mi maestro, a lo largo de once largos años de convivencia”. Definida la esencia de esta obra por el propio autor, cabe señalar que es fruto además de la selección que el propio autor hizo de los artículos que realizó entre junio de 1993 y junio de 1994 para el periódico brasileño Folha de S.Paulo, donde colaboró escribiendo una columna diaria.

Es, por lo tanto, un libro para reflexionar y para, al mismo tiempo, conocernos nosotros mismos porque es la propia reflexión la que nos conduce hacia nuestra esencia humana. Maktub significa “está escrito” por lo que nos incita a que reflexionemos sobre nuestro destino pero también a que sepamos apreciar las bondades que se esconden detrás de las cosas, que a primera vista, parecen banales o insignificantes. Coelho nos lo enseña a partir de breves fragmentos de una hoja, un total de 177, en la que se recogen sus enseñanzas.

En el afán de desgranar cada una de las enseñanzas útiles del maestro, he optado por elegir algunas, no las mejores, para resumir la esencia del libro. Así, dice Coelho: “las artes adivinatorias fueron hechas para aconsejar al hombre, y no para predecir el futuro. Son excelentes consejeras, pero pésimas profetisas”; “Dios acostumbra a actuar como el eco de nuestras acciones”; “cuando el mal se convierte en un hábito es difícil lidiar con él”; “forma parte del arte de vivir no regatear con la oportunidad”; “las decisiones de Dios son misteriosas, pero siempre son a nuestro favor”; “por miedo a llorar, dejamos de reír”; “muchas veces hay que darle tiempo al tiempo. Otras veces, hay que remangarse y resolver la situación”, “sólo el amor a lo que hacemos transforma la esclavitud en libertad”; “no vale de nada ser humilde cuando se es cobarde”; “el amor no es dar o recibir, es participar”; o “el miedo a equivocarnos es la puerta que nos encierra en el castillo de la mediocridad”.

A lo largo del volumen, podemos también encontrar otras enseñanzas menos explícitas, pero cuya utilidad nunca debe menospreciarse porque a través de simples ejemplos, Coelho, nos descubre un mundo oculto que sólo la paciencia y la comprensión relajada de los hechos, permite que su desciframiento. Así la oruga, “la más fea y despreciable de las criaturas” se convierte en una “linda mariposa” nos narra en uno de los fragmentos. Algunos de estos son especialmente bellos en su contenido como el del domador que consigue mantener aprisionado a un elefante atando una de sus patas a una estaca. También el del letrero de una puerta que dice “esto no es posible”; o el del comerciante que le regala a su mujer un espejo tan bello como ella; o el del pelícano que ofrece su propia carne a sus hijos; o el del rey de Lidia, Creso, que al interpretar erróneamente el oráculo destruye su propio imperio.

Paulo CoelhoHay también en el libro, algunos episodios literarios en los que el escritor brasileño, sirviéndose del recurso de la comparación, nos obsequia con conclusiones útiles para nuestro crecimiento personal. Así dice: “Del mismo modo que es imposible para un hombre ver su rostro en aguas turbulentas, también es imposible buscar a Dios si la mente está ansiosa con la búsqueda”. Entre esos fragmentos encontramos el de la bombilla fundida del árbol de Navidad; el de los apóstoles como bomberos del infierno; el de las ramas del árbol que cuando están cargadas de fruta se doblan y tocan el suelo y cuando no tienen frutos, sus ramas son arrogantes y altivas; el del malabarista de naranjas; o el de las ramas (oraciones de otro árbol, cuya raíz equivale a la fe.
No falta en los textos de Coelho la ironía, presente y protagonista de algunas de sus enseñanzas. Entre ellas, nos cuenta el escritor, que un poderoso monarca llamó a un santo padre, “del que todos decían que tenía poderes curativos”, para que lo ayudase con sus dolores de columna y al final, ante las excesivas preguntas del santo que formaban parte de su tratamiento, el monarca opta por un veterinario porque éste “no acostumbra a hablar con sus pacientes”. La ironía aparece también en un fragmento sobre unas setas venenosas que finaliza “Aparte de ésta, no conozco ninguna manera de acercarse a Dios por medio de la alimentación”; o en el del pasaje bíblico en el que Eva terminar comiéndose la manzana que la serpiente le ofrecía al verse reflejada en el agua de un pozo.

Por el escenario de Maktub se interpretan otros pasajes bíblicos, pero también episodios históricos y situaciones comprometidas, y en ellos desfilan personajes tan diversos en el tiempo como Borges, Miguel Ángel, Nietzche, Bernard Shaw, Picasso, Napoleón, Schopenhauer, el filósofo Aristipo, el científico Roger Penrose, el psiquiatra Viktor Frank. Los ermitaños, monjes, rabinos y peregrinos son asimismo frecuentes en los textos.

Aunque para algunos, puedan resultar enseñanzas simplistas, la riqueza de vocabulario y la acertada plasmación de imágenes literarias nos sumerge en un universo cuyo envoltorio es sólo una minúscula parte de su verdadera esencia, a la que debemos acceder con reposo y reflexión para sacar el mayor partido a este intercambio de experiencias y enseñanzas. Es esa esencia, la búsqueda de Dios, que como recoge Coelho en una de las páginas de su libro a modo de resumen, “para Dios, los puentes son la fe, el amor, la alegría y la oración”. Nuestro “Dios es el Dios de los valientes” exclama en otro, porque “morir es quedarse siempre en la misma posición”.

Coelho se sirve de un verso del poeta T.S. Eliot para concluir su libro que dice “Recorrer muchas carreteras / volver a casa/ y verlo todo como si fuese la primera vez”. Pero son muchas las conclusiones de su obra, otras dos de ellas nos dicen: “escribir nos acerca de Dios y al prójimo” y “Sólo existe una cosa importante en nuestras vidas: vivir nuestra Leyenda Personal, la misión que nos ha sido destinada. Pero siempre terminamos por sobrecargarnos de ocupaciones inútiles, que acaban destruyendo nuestro sueños”.