Musicalia, el implacable elitismo de Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset es el principal intelectual español del sigo XX. Escribió sobre casi todo, también sobre arte. En Musicalia nos brinda una visión de su elitismo intelectual aplicado a la música y personificado en la figura de Claude Debussy.

A diferencia de la Generación del Noventa y ocho, más dada a la vehemencia, sus sucesores constituyen una perfecta muestra de intelectualismo racional. Si Miguel de Unamuno o Pío Baroja tronaban ante la situación de España, Ortega o Gregorio Marañón, desde su atalaya erudita, propugnaban un frío europeismo.

Y es que la Generación de 1914 –a la que pertenecían éstos-, también conocida como Novecentismo, se caracteriza, sobre todo por su elitismo intelectual. Formados muchos de ellos en el extranjero y con una clara vocación docente, sus opiniones son siempre reflexivas y racionales.

Foto de la Universidad de Berlín, donde se formó Ortega

Universidad de Berlín, de la que Ortega fue alumno

La gran figura de esta generación es el filósofo José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1956), hombre tan inteligente y capaz como dado a hablar de todo. No hay un solo tema sobre el que no haya escrito y, como casi todos los que cometen este exceso, cayó muchas veces en contradicciones. La consecuencia de ello es que, tanto los seguidores de una ideología como los de la contraria se han apropiado de sus tesis.

Como es lógico, Ortega también opinó sobre las tendencias artísticas de su tiempo. Lo hizo, sobre todo, en su libro La deshumanización del arte, publicado en 1925, pero también en muchos otros textos que se publicaron sueltos.

Uno de éstos es Musicalia, en el que, como su propio nombre indica, el filósofo reflexiona sobre la música de su época a través de la figura de Claude Debussy, creador del llamado 'impresionismo musical'.

Ortega contrapone este estilo al romántico. Para él, la música romántica –personificada en Beethoven o Wagner- se dirige al común de las personas, pues apela a sus sentimientos primarios. Sin embargo, la nueva forma de crear música practicada por Debussy es más exigente, se dirige a una minoría de iniciados que son los únicos capaces de comprenderla. Ello no significa que ésta sea mejor que la anterior sino, simplemente, que es distinta.

Esta tesis encaja perfectamente con las ideas sobre el arte de Ortega, que son esencialmente elitistas. Para él, la creación artística es expresión del intelecto y, como tal, se dirige a una minoría de personas cultivadas. Por tanto, nunca puede ser popular, pues las masas –concepto puramente orteguiano- sencillamente no pueden comprenderla.

Es, por tanto, un arte 'puro', desprovisto de todo sentimiento, que busca tan sólo las cualidades formales y, como tal, ha de ser por fuerza antirromántico e intelectual. En consecuencia, el arte se convierte en juego del raciocinio y pierde su trascendencia.

Podéis leer el texto aquí.

Fuente: El Poder de la Palabra.

Foto: Universidad de Berlín: Jtriefen en Flickr.