Impresiones sobre Yanquilandia, Oscar Wilde visita Estados Unidos

Oscar Wilde fue un extraordinario escritor cuya calidad sólo se ve superada por su fuerza cómica. Retratista irónico de la aristocracia inglesa, pagaría con la cárcel su osadía. En Impresiones sobre Yanquilandia, presenta una visión cargada de comicidad del nuevo gran país.

La literatura británica, tras la desaparición de su gran figura, Charles Dickens, atravesaba en los años finales del siglo XIX un periodo de cierta languidez. No es que careciera de buenos escritores –Robert Louis Stevenson o Walter Pater serían dos ejemplos- pero no se atisbaba una figura de la talla de aquél.

Ello fue así hasta que llegó a Londres un joven irlandés que venía precedido por su fama de excéntrico en Oxford. Era Oscar Wilde (Dublín, 1854-1900) y con su genio pero también con su mordacidad vino a animar la vida literaria de la pacata sociedad victoriana.

Foto de un monumento a Oscar Wilde en Dublín

Monumento a Oscar Wilde en un parque de Dublín

Incapaz de pasar desapercibido allí donde estuviese y dotado de extraordinario talento para la sátira, Wilde terminaría pagando con la cárcel sus retratos irónicos de la aristocracia británica que, mientras lo consideró gracioso, hizo de él una figura pero, cuando comenzó a cansarse de sus burlas, no dudó en enviarlo al penal de Reading por un asunto relacionado con su homosexualidad.

Constituye el irlandés un perfecto ejemplo del espíritu decadentista de la época. Abúlico y perezoso, cuando se ponía ante el folio en blanco era capaz de escribir hermosas obras con exquisito estilo.

Pero, como decíamos, la gran fuerza de su trabajo se encuentra en la sátira y el humor. Comedias como La importancia de llamarse Ernesto o relatos como El fantasma de Canterville, donde se burla de la rudeza de los americanos, son buena muestra de ello.

También lo es Impresiones de Yanquilandia, de cuyo tono es revelador por sí solo el título. Se trata de un breve ensayo donde Wilde recoge su experiencia de 1881, cuando viajó por todo Estados Unidos dando conferencias y dejando su inigualable sello. En este sentido, baste mencionar que, a su llegada, como le preguntaran en la aduana si tenía algo que declarar, respondió: "Nada, salvo mi genio".

Y es que, para un espíritu refinado, el contraste entre la encorsetada Inglaterra y el salvaje Oeste americano –que también recorrió-, con sus pistoleros y forajidos, debía ser demasiado. Memorable es la imagen que ofrece de un salón donde debía pronunciar una conferencia.

Se trata, en suma, de un texto cómico en el que Wilde, incapaz de describir algo sin utilizar su fuerza satírica, relata su experiencia norteamericana deteniéndose en aquellas anécdotas que más gracia podían causar a su público británico, acostumbrado al refinamiento y a la rigidez de la moral victoriana. Sin duda, una obrita memorable.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Espéculo.

Foto: Monumento a Oscar Wilde: Mark Heard en Flickr.