El periodista, de Concepción Arenal, los "obreros de la literatura"

Concepción Arenal es una de las grandes escritoras españolas. Pionera en la lucha por los derechos de la mujer y, sobre todo, de los desheredados por la sociedad, desarrolló una importantísima labor filantrópica. En El periodista analiza el bello oficio de informar que ella misma cultivó.

A algunas personas les corresponde, a veces por su carácter pero otras por mera casualidad, el papel de pioneras, de ser quiénes abren con su trayectoria el camino que luego seguirán otras.

Es, sin duda, una dura labor cuya dificultad se ve incrementada aún más cuando se trata de un mundo tan cerrado como el intelectual, hablamos del siglo XIX y, además, su protagonista es una mujer.

Foto de El Ferrol

Una vista de El Ferrol, ciudad donde nació Concepción Arenal.

Estas pioneras han existido en todos los países y siempre han hallado similares impedimentos: George Sand en Francia, George Eliot en Inglaterra o Carolina Coronado en España son tres buenos ejemplos.

Sin embargo, su labor tropieza aún con mayores dificultades cuando su protagonista no se limita a la creación literaria sino que, además, pretende erigirse en conciencia social en defensa de los desvalidos y este es el caso de la gallega Concepción Arenal (El Ferrol, 1820-1893).

Porque, además de poetisa y novelista, Arenal desarrolló una importantísima labor filantrópica en defensa de los desheredados y, muy especialmente, de los presos que entonces se hacinaban en cárceles infectas.

Tras estudiar Derecho como oyente -vestida de hombre, pues entonces no se admitía a las mujeres en la Universidad-, logró, con su incesante labor, ser nombrada Visitadora general de prisiones femeninas, cargo desde el que denunció las inhumanas condiciones en que vivían las reclusas.

Más tarde, durante la Guerra Carlista, contribuyó a la creación de la Cruz Roja en España poniéndose ella misma al frente de un hospital de campaña para atender a los heridos.

Pero, sin duda, su gran labor se desarrolló en el terreno de la beneficencia. Desde sus postulados cristianos, fundó una constructora para construir casas baratas para los obreros y contribuyó a la mejora de las casas de orfandad.

Para tan ingente aportación se sirvió de la prensa, en la que escribió toda su vida. Por ello, conocía muy bien este trabajo, sobre el que reflexiona en su ensayo titulado El periodista, en el que defiende la labor de éstos.

Arenal considera al periodista como "una desdichada variedad de escritor", como un "obrero de la literatura", pues, mientras el novelista o el poeta serán reconocidos bien en su época bien por la posteridad, aquél nunca lo es. Sus textos alcanzan vigencia para el lector tan sólo el día en que se publican, al siguiente ya han perdido actualidad.

Además, el periodista no puede mostrar sus dotes literarias pues necesita llegar a todo el mundo, tanto a los cultos como a los ignorantes. Sus escritos precisan, por tanto, ser sencillos.

Se trata, en suma, de una lúcida visión de la labor periodística realizada por una mujer valiente y admirable que la conocía bien.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Msu.edu.

Foto: El Ferrol: Pablo Herrero en Flickr.