El Manifiesto Comunista y la lucha de clases

El Manifiesto Comunista, escrito por Karl Mars y Friedrich Engels, es uno de los libros más influyentes de la historia moderna. En él se habla de conceptos tan importantes para los estudios económicos, sociológicos y mediáticos, como es la alienación, el materialismo dialéctico o el materialismo histórico. Marx concibe la historia como una continua lucha de clases donde el proletariado está destinado a la revolución con tan de instaurar una sociedad comunista sin clases sociales.

Retrato de Karl Marx

Qué duda cabe de que el Manifiesto Comunista de Karl Marx ha sido uno de los libros más influyentes del pasado siglo. Pese a estar publicado en 1848, su influencia sobre la Revolución Rusa de 1917 fue tal, que aún hoy se sigue estudiando en universidades y centros educativos. Para muchos un sistema filosófico y una de las formas de pensamiento más importantes que surgirían a partir de la instauración del nuevo orden social que trajo consigo la industrialización europea.

Hay un pasaje en el Manifiesto Comunista donde se relata la importancia de las plazas públicas en la Edad Media, donde artesanos de todos los ámbitos, apendices de los pequeños talleres y comerciantes, se reunían para hacer trueques y negocios. Allí llevaban sus utensilios de trabajo, compraban nuevos y vendían otros. Con la llegada de la primera Revolución Industrial y la creación de un nuevo concepto social del trabajo (las fábricas), el trabajador (ya no le llamaremos más artesano) ya no tenía por qué llevar sus utensilios, se los prestaban sus patrones. Todo con lo que debía acudir a la fábrica era con él mismo, con su cuerpo. Es ahí cuando Marx introduce por primera vez el concepto de alienación. Ya no se hacen trueques con las herramientas, es el individuo el que importa para que el cuerpo de producción sea precisamente eso: productivo.

Así, Marx defiende que el proletariado, al estar desvinculado de su trabajo y del resultado del mismo, se convierte en un engranaje más de la maquinaria. El proletariado vende su cuerpo por la mera subsistencia, ya que es el burgués quien se queda con la plusvalía de sus esfuerzos. En el primer capítulo se habla de un concepto esencial para entender la teoría marxista: el materialismo histórico. Ello se traduce en un relato de la historia marcado por las tensiones de una continua lucha de clases. Para Marx y Engels, el devenir de la Historia con mayúsculas no es sino el intento del opresor por controlar al oprimido. Según un proceso dialéctico de la Historia, los trabajadores están llamados a la revolución con el fin de instaurar un sistema social sin clases, siguiendo los postulados del comunismo.

Los trabajadores son una pieza más del aparato de producción

El nuevo régimen estaría basado en una dictadura del proletariado, como transición a una sociedad comunista. En dicha dictadura la propiedad privada y los privilegios quedarían abolidos, así como la religión y la moral burguesa, que solo respondería a sus propios intereses. La educación pasaría a estar en manos de la comunidad, desvinculando de esta manera al nucleo familiar en pro de una sociedad común.

Pocas o ninguna esperanza de cambio queda ya en un sistema dominado por un capitalismo desbocado. Muchas críticas le han valido a Marx por no haberse cumplido las tendencias históricas de las que hablaba. Pero si algo tiene de extraordinario el Manifiesto Comunista es su afinada exactitud al intuir tendencias sociales y económicas, así como los efectos que estas tendrían sobre las mentes de los trabajadores. Una obra primigenia que da el pistoletazo de salida a lo que sería la psicología del advenimiento del capitalismo feroz. Si Marx levantase la cabeza hoy en día, puede que volviese a la tumba por voluntad propia.

Fotografía de Karl Marx por Wikipedia Commons en Wikipedia

Fábrica por Jorge Franganillo en Flickr