'Diario', de André Gide, reseña de toda una vida

Al margen de sus obras principales, el Premio Nobel André Gide llevó durante toda su vida un 'Diario' en el que anotaba su trayectoria y también reflexionaba sobre las grandes preocupaciones que le atormentaban.

Normandía

Costa de Normandía, donde Gide pasó su infancia

Han sido muchos los escritores que, a la par que llevaban a cabo una amplia creación literaria, sentían la necesidad de volcar sus experiencias e inquietudes en un diario íntimo. En las letras francesas, contamos, por ejemplo con los de Stendhal o Alfred de Vigny, gracias a los cuales conocemos aspectos de su vida y su obra que, de otro modo, habrían permanecido ocultos.

En esta misma línea, se halla el 'Diario' de André Gide (París, 1869-1951), redactado durante nada menos que sesenta y tres años. Criado por problemas de salud en Normandía, fue un escritor precoz: con tan sólo veintidós años, publicó su primer libro de versos, 'Los cuadernos de André Walter'. Después, vendrían 'Paludes' o 'Prometeo mal encadenado' y, sobre todo, 'El inmoralista', novela de tinte autobiográfico que narra la vida de un peculiar matrimonio.

Sin embargo, todas estas obras lograron poco éxito. Sería tras la Primera Guerra Mundial cuando Gide comenzó a ser reconocido. Apasionado por África, a la que iría varias veces a lo largo de su vida, en 1927 publicó 'Viaje al Congo', narración de su estancia en aquella zona del continente donde critica sin rodeos al colonialismo francés, movido por meros intereses económicos. Por aquella época, además, mostró ciertas simpatías por el comunismo pero pronto renegaría de él. Concretamente, fue tras un periplo por la Unión Soviética narrado en el libro 'Regreso de la URSS'. Por toda su obra, sería reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1947.

Este periplo biográfico, además de sus inquietudes más íntimas, se hallan presentes en su 'Diario', que como decíamos recoge sus experiencias a lo largo de sesenta y tres años. Vino a ser para Gide una suerte de refugio en periodos poco creativos y también un descanso para sus preocupaciones. A través de él, en ocasiones recuperaba su autoestima literaria, como cuando escribe: "Algunos días me parece que si tuviera a mano una buena pluma, buena tinta y buen papel, escribiría sin dificultad una obra maestra".

Se trata, en suma, de una voluminosa obra maestra (ocupa más de mil páginas) escrita con notable prosa y también de un cúmulo de reflexiónes acerca de todas las inquietudes que, no pocas veces, atormentaron al escritor francés, siempre ocupado en meditar sobre las bases del principio de moralidad. Una lenta meditación, pues, como él mismo escribe, "Sólo los grandes hombres no precipitan nada ni se impacientan de nada….hace falta cierto plazo para que los grandes designios alcancen su madurez".

Fuente: Center for Gidian Studies.

Foto: Dynamosquito.