Las desventuras de Sofía, cuento aleccionador para señoritas

La literatura femenina está repleta de grandes heroínas. En el caso de la literatura femenina juvenil, las heroínas siguen estando presentes, solo que con menor talla y problemas menos románticos. Normalmente, las jovencitas que pueblan las novelas decimonónicas suelen ser decididas y cabezotas, pese a que su experiencia en la vida y sus continuos batacazos les demostrarán que, para sobrevivir y ganarse la confianza de los adultos, hay que comportarse como "señoritas". Ese es el caso de la 'Celia' de Elena Fortún o de las 'Mujercitas' de Luisa May Alcott, son contar con otras ilustres damiselas, ya que haberlas hay a montones. Una de ellas es Sofía, el personaje creado por la Condesa de Segur para sus nietos, y uno de los cuentos infantiles más leídos en Francia.

las desventuras de sofia

Portada de la edición española.

'Las desventuras de Sofía' o 'Las desgracias de Sofía', fue escrito en 1859 y narra las peripecias de una niña de cuatro años que, capítulo a capítulo, irá aprendiendo de qué va esto de las apariencias sociales. Sofía es una niña como tantas otras, juguetona, obstinada y rebelde. El ritmo común de la novela se basa en que Sofía cometa alguna trastada y sea pillada con las manos en la masa, encargándose los adultos de decidir el consiguiente castigo, que se traduce en prohibiciones y privaciones varias. Ella, que en el fondo es una niña de gran corazón aunque fuertemente malcriada, pide perdón y modifica su conducta.

La Condesa de Ségur, cuyo nombre real era Sofía Fiódorovna Rostopchina (de ascendencia franco-rusa), empezó a escribir sus relatos siendo ya anciana y pensando en sus nietos. En 'Las desventuras de Sofía' se aprecian los modos y maneras de la educación de la época, férrea donde las haya y que la Condesa sufrió en carne propia. Ante esta realidad, Sofía miente y se rebela, cayendo una y otra vez en las mismas faltas. Pese a lo regio del tema abordado, lo cierto es que la autora se desenvuelve de una manera ágil y alegre, con unos diálogos muy naturales, imprimiendo un cierto componente jovial a la historia. No en vano, los destinatarios son los niños.

Esta obra ha sido objeto de polémica en determinadas épocas por su fuerte componente de lección moral. Sin embargo, responde a una época concreta, donde a los niños se les pedía disciplina por encima de todo. El mérito de Sofia se encuentra en el hecho de ser una niña obstinada, espontánea y natural. Puede que al crecer se convirtiese en una señorita como dictan las normas, pero durante un periodo de tiempo muchas niñas se sintieron identificadas con la rebeldía repetidamente reprimida de la joven protagonista.