'Guía del autoestopista galáctico', de Douglas Adams

Esta “trilogía en cinco partes” surgió de la adaptación a novela de un serial radiofónico que su autor, Douglas Adams (1952-2001), realizó para la BBC. La Guía del autoestopista galáctico es un abordaje satírico y estrafalario a las space-opera y sus héroes espaciales a lo Flash Gordon que luchan contra imperios malignos.

Portada de la Guia del autoestopista galácticoHay pocas obras que gocen en la actualidad de un culto tan popular y extenso como la 'Guía del autoestopista galáctico'. Esta “trilogía en cinco partes” surgió de la adaptación a novela de un serial radiofónico que su autor, Douglas Adams (1952-2001), realizó para la BBC. La saga se interrumpió bruscamente por la prematura muerte de Adams mientras preparaba la película basada en la Guía, pero su obra ha dejado huella: si un 25 de mayo os cruzáis con tipos llevando toallas por la calle, sabed que son su fans rindiéndole homenaje.

La Guía del autoestopista galáctico es un abordaje satírico y estrafalario a las space-opera y sus héroes espaciales a lo Flash Gordon que luchan contra imperios malignos. El héroe aquí es Arthur Dent, un inglés convencional que descubre una buena mañana que los bulldozers del ayuntamiento quieren derribar su casa para construir una autopista. Lo cual pasa a ser un inconveniente menor horas después cuando las naves de los vogones, una desagradable raza alienígena, anuncian que van a destruir la Tierra para construir una hiperautopista espacial.

A Arthur Dent lo salva del cataclismo su amigo Ford Prefect, que tiene dos cualidades: la primera, que es un alienígena de incógnito en la Tierra; y la segunda, que es un autoestopista galáctico, un viajero que recorre los confines del cosmos haciéndose llevar a dedo. Y no es cualquier aficionado, es un editor de la Guía del autoestopista galáctico, el libro electrónico más útil del universo. La Guía describe los planetas conocidos y explica, por ejemplo, porqué una toalla es indispensable para la exploración espacial.

Comienza para Arthur y Ford un errático deambular por la galaxia. Rápidamente se ven envueltos en un extraño caso: el presidente Zaphod Beeblebrox y su ayudante Trillian han robado la nave más vanguardista del universo, el Corazón de Oro, capaz de saltar de un punto a otro del tiempo y el espacio e incluso modificar la materia merced a la Energía de la Improbabilidad. El plan de Beeblebrox es usar la nave para viajar a lugares fantásticos y desconocidos. El problema es que ni él sabe realmente qué harán cuando lleguen a ellos.

Douglas AdmasCuesta entrar en todos los detalles de la trama felizmente anárquica de la novela y sus continuaciones. Lo cierto es que es a medias un libro de humor y a medias un ejercicio de inventiva desbordada. Un tono de parodia inteligente lo impregna todo, lo cual no le impide al autor crear metáforas lúcidas y memorables sobre la condición humana y los interrogantes metafísicos. Un estilo muy cercano al de su coetáneo Terry Pratchett, pero con una mayor densidad conceptual.

-Mire usted –dijo Arthur con aire pensativo–, todo esto explica un montón de cosas. Durante toda mi vida he tenido la sensación extraña e inexplicable de que en el mundo estaba pasando algo importante, incluso siniestro, y que nadie iba a decirme de qué se trataba.
-No –dijo el anciano-, eso no es más que paranoia absolutamente normal. Todo el mundo la tiene en el universo.

Se tiene la sensación de estar ante un sketch de los Monthy Python, en dónde lo cómico y lo absurdo resultan incisivamente certeros. La sensación de familiaridad, por cierto, viene de que Adams colaboró en más de una ocasión con los legendarios humoristas. Pero la Guía del autoestopista galáctico no se lee sólo por su estilo ingenioso, que es mucho. La inventiva antes citada de Adams hace que el universo que concibe proporcione de por sí unas imágenes capaces de ganarse el corazón de los amantes de la fantasía.

Es el caso de Magrathea, el planeta de los constructores artesanales de planetas, cuyo oficio está descrito de forma verdaderamente hermosa. O la concepción de la Tierra como un inmenso ordenador orgánico para cumplir un cometido de trascendencia universal. La construcción de personajes y caracteres es realmente notable, descollando la perversidad burocrática y mezquina de los vogones y los lamentos de Marvin, el androide depresivo.

La Guía del autoestopista galáctico ha sido comparada a 'Los viajes de Gulliver' en su vertiente reflexiva y satírica, y también tiene algo del 'Cándido' de Voltaire en ese sentido, aunque sus referencias son más de la cultura pop que de la académica. Adams publicó en  vida cuatro continuaciones: El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás, Hasta luego, y gracias por el pescado e Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva. Un sexto y último tomo será escrito por Eoin Colfer (‘Artemis Fowl’).

'Guía del autoestopista galáctico'
Douglas Adams
Anagrama, 2005, 290 páginas