Ernest Hemingway o la apasionante vida de un periodista universal

Ernest Hemingway vivió una época convulsa. Se alistó para combatir en la Primera Guerra Mundial, pero un problema de visión le apartó del campo de batalla. Aún así, su espíritu periodístico le permitió indagar en los principales conflictos de la época, como el posterior desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Vivió en Francia, España y Cuba, donde mantuvo buenas relaciones con Fidel Castro. Murió junto a su escopeta, aunque no hay pruebas de que fuera un suicidio.

La vida de Ernest Hemingway (Oak Park, 1899-Ketchum, 1961) fue tan apasionante y trágica como las que retrató en sus obras. Creció en una localidad de Illinois, donde comenzó a apasionarse por la literatura y la música. Sin embargo, pronto decidió abandonar los estudios, dejando de lado una posible carrera universitaria y la ampliación de su formación musical, para dedicarse a la escritura. Aún no había cumplido los veinte años y ya tenía claro que su futuro estaba en las letras. Se instaló en Kansas y comenzó a trabajar como periodista en el Kansas City Star. Así fueron sus inicios. Su labor periodística la continuó durante gran parte de su vida y marcaron decisivamente el estilo literario en sus obras. Hemingway utiliza frases cortas y directas, alejadas de cualquier floritura o exceso de detalle insustancial que pueda alejar al lector de lo que de verdad importa en la historia que se está contando.

Hemingway en 1924.

Tan sólo unos meses después de independizarse de sus padres, el joven Hemingway aprovechó que los Estados Unidos habían entrado en la Primera Guerra Mundial para enrolarse como combatiente –desde muy pequeño le apasionaba la caza, por lo que el manejo de armas no suponía ningún tipo de problema para él–. Sin embargo, un fallo en la visión del ojo izquierdo lo dejó fuera del campo de batalla. Así que la Gran Guerra la tuvo que vivir al frente de una ambulancia de la Cruz Roja. Sin embargo, no estuvo exento de ser víctima de las balas, ya que fue herido de gravedad por parte del bando austriaco. Aún así, fue capaz de salvarle la vida a un soldado italiano, lo que le valió la Medalla de Plata al Valor, entregada por el gobierno italiano.

Tras la Primera Guerra Mundial, viajó a Francia (se instaló en París junto con su mujer, donde tuvieron un hijo) y a España. En Francia frecuentó los ambientes literarios de vanguardia y conoció a los miembros de la Generación Perdida, además de otros artistas como Pablo Picasso. Tras su paso por la capital francesa pasó un tiempo en España de la que quedó totalmente enamorado. Su relación con este país fue decisiva para su obra. De aquí salieron obras maestras como Por quién doblan las campanas o La quinta columna.

Posteriormente vivió una temporada en Cuba, donde fue famosa su amistad con Fidel Castro. Allí escribió su texto más famoso: El viejo y el mar. Gracias a este libro consiguió el Premio Pulitzer en 1953 y el Nobel de Literatura el año siguiente. Siete años después murió junto a su escopeta. Aún no se sabe bien si fue un suicidio o un accidente. Así fue su vida, tan apasionante como la época en la que le tocó vivir.

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